La gestualidad: más allá de la oralidad y la escritura

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Alumno: Libia Y. Contreras Yttesen
Colegio de Filosofía
Materia: Problemas de Filosofía en México y America Latina
Profesor: María de Rayo Fierro

Resumen

Nuestra autora, la alumna Libia Y. Contreras Yttesen a lo largo del ensayo expone y confronta las teorías emergentes durante el s. XX en torno al lenguaje de los célebres filósofos Walter Ong y Jaques Derrida. El ensayo comienza con la presentación a detalle del concepto de oralidad primaria que sostiene Ong en su texto Oralidad y escritura publicado en 1982, para después abordar la crítica que hace Derrida a la tradición filosófica que, en términos generales, jerarquiza el valor de la voz sobre la escritura. De Derrida rescata su defensa a la grafía de la palabra escrita, situándola al mismo nivel interpretativo que el discurso hablado. Pretende la destrucción del fonocentrismo para introducir a la escritura como archiescritura y posteriormente abrir paso a la gestualidad.

 Texto

Tal vez podría ser así, si las palabras lo fueran todo. […] Las palabras son hermosas, fascinantes e importantes, pero las hemos sobreestimado en exceso, ya que no representan la totalidad ni siquiera la mitad del mensaje

Flora Davis 

El siguiente trabajo consiste en exponer lo que considero las principales tesis de Walter Ong acerca de la oralidad primaria y sus mecanismos de memoria. Esto con la intención de señalar, posteriormente, las deficiencias e inconsistencias de su discurso con base en las consideraciones teóricas de Jacques Derrida. Asimismo, ahondaré en una hipótesis personal fundada en la gestualidad que puede enriquecer la discusión en torno al proceso de comunicación y el lenguaje.

En su texto Oralidad y escritura, Walter Ong propone abordar el tema de la oralidad primaria, desde una oralidad basada únicamente en la experiencia de las personas que desconocen por completo la escritura. Ésta expresión se contrasta con lo que el autor llama: oralidad secundaria, la cual pertenece a la cultura contemporánea constituida por alta tecnología, lo que decanta una nueva manifestación de oralidad que nunca prescinde del todo de la escritura.

Ong señala que hoy en día la oralidad primaria es casi inexistente puesto que toda cultura tiene al menos un tipo de experiencia de la escritura, aunque ésta sea  mínima. Asevera que el lenguaje es un fenómeno oral sonoro, no solamente en el proceso de comunicación sino también en el terreno del pensamiento.

Sin embargo, en un sentido profundo el lenguaje, sonido articulado; es capital. La comunicación y el pensamiento mismo, se relacionan de un modo inherente con el sonido “[…] La condición oral básica del lenguaje es permanente”. [1]

Ong afirma que a pesar de los despliegues que ha tenido, y tiene la escritura, todavía le es esencial la palabra hablada, es decir, para todo tipo de texto es necesaria la relación con el sonido. Así, la sonoridad es considerada el ambiente “natural” del lenguaje mediante el cual es posible transmitir significados. En este sentido, la escritura no puede excluir a la oralidad; inclusive, si seguimos al autor, “leer” un texto implica convertir la grafía en sonidos; ya sea en la imaginación o en voz alta. En el primer capítulo del libro se menciona que en las culturas orales primarias —siglos atrás— la escritura no poseía conexión alguna con dicha oralidad. Ong justifica su postura a través del análisis de estudios que se remontan a la época de Homero.

El autor remarca que a pesar de las raíces orales de toda articulación verbal, durante miles de años el análisis científico y literario de la lengua ha evitado, ignorado y subordinado a la oralidad, salvo en décadas recientes. Esto se debe, según Ong, a que la tendencia cultural moderna se limita al estudio del lenguaje en un sentido analítico, lo que resulta una estrategia imposible de contrastar con sociedades orales primarias, puesto que, de éstas no se podría afirmar que se estudiasen en rigor. El error principal que se en cometió innumerables ocasiones a lo largo de la historia, dice Ong, fue analizar una composición oral a través de un texto escrito. Para nuestro autor existe una importante diferencia entre una disertación de la oralidad y una acerca de la escritura. Tal es el caso de la Ilíada, la cual en sus orígenes, fue un discurso esencialmente oral. Asimismo, Ong reclama a los literatos por haber privilegiado el estudio de lo escrito sobre el estudio de la oralidad; a su vez, demanda la injusticia que éstos cometieron al entender ambos tipos de discurso como si fueran uno mismo.

A pesar de que en la actualidad, la oralidad primaria es hipotética, el autor afirma que diversas culturas y subculturas aún conservan  una parte considerable del “molde mental” de la oralidad primaria. Ong se remite a lo que llama Pre-alfabetismo para referir al arquetipo de la oralidad. A su vez, el autor ratifica que la mente humana no contiene originalmente ningún recurso caligráfico.

De acuerdo con la opinión de Ong, es importante retomar el discurso de Ferdinand de Saussure, ya que dicho pensador fortalece su tesis, dado que también consideraba que la escritura era simplemente una representación en forma visible de la lengua hablada. Posteriormente, Ong aclara lo que entiende por escritura, es decir, “un sistema codificado de signos visibles por medio del cual un escritor podría determinar las palabras exactas que el lector generaría a partir del texto”.[2]

Walter Ong continúa con el estudio de Julian Jaynes y declara que en la Antigüedad e incluso antes de este período, existió un estado primitivo de conciencia original llamado “bicameral”. Éste estado de conciencia consistía en que el hemisferio derecho del cerebro producía voces y el hemisferio izquierdo las transformaba en habla. Dicho estado fue desintegrado a causa del descubrimiento de la escritura. Empero, es factible asemejar esta fase bicameral con la oralidad primaria; el autor menciona que tal estado de la psique es “sencillo y comprobable en función del paso de la oralidad al conocimiento de la escritura”.[3]

Ong asegura que en la cultura oral primaria, la reducción de las palabras al sonido no determinaba solamente los modos de expresión, sino que también los procesos de pensamiento. Se sigue que, en los humanos con oralidad primaria, el fenómeno de la memoria tiene características especiales asociadas a un mecanismo que prescinde de toda escritura. Y, éste proceso mnemotécnico se caracterizaba primordialmente por fundamentar el pensamiento en la comunicación, en la repetición oral y en el ritmo. Según lo expuesto, la economía oral de pensamiento para dichas sociedades fue apenas una regulación dinámica y actual. En términos más claros, los asuntos del pasado que ya no gozaban de relevancia para el presente caían con frecuencia en el olvido, por ende, el pasado no era considerado como una categoría temporal verificable, a diferencia de la actualidad, donde la temporalidad constituye a los seres humanos que están atravesados por la escritura.

Por su parte, la teoría de Jacques Derrida se fundamenta en distintas tesis opuestas en apariencia a las de Walter Ong. En primer lugar, Derrida hace también un reclamo a la tradición, curiosamente totalmente contrario al de Ong, que afirma que a lo largo de la historia siempre ha existido un fonocentrismo. En otras palabras, la tradición filosófica  ha conservado el privilegio de la voz sobre la escritura. La metafísica, desde Platón con el mito de Thot en el Fedro ya identificaba a la voz con la presencia y a la escritura con la ausencia y se presentaba una represión originaria en la escritura.

[…] análisis de un rechazo y de una represión histórica de la escritura desde Platón. Este rechazo constituye el origen de la filosofía como episteme, de la verdad como unidad del logos y de la phoné. [4]

Sin embargo, Derrida propone no hacer un giro dialéctico en el que se  privilegiara a la escritura en lugar de la voz, ya que de proceder así, según Derrida, se cometería la misma represión hacia el término opuesto (la voz). En general, la teoría filosófica de Jacques Derrida procura que los opuestos coexistan a partir de una estrategia llamada: différance.[5]

Para Derrida el concepto de escritura de Walter Ong, es muy amplio, ya que puede ser entendido como: huella, recuerdo, marca, molde, surco, incluso como huella mnémica o psíquica. No obstante, el autor inaugura el término “archiescritura” para referir a lo anterior. En este sentido, la inscripción y la impresión pasan al rol de lo trascendental, es decir, para Derrida cualquier vínculo con el mundo desde un origen se hace a través de una grafía (origen entendido como origen tachado de acuerdo con la teoría del autor).

La filosofía occidental desde el Fedro de Platón sitúa a la escritura como un fármaco de la comunicación: como representación imperfecta del lenguaje originario —sin tomar en cuenta que— desde la antigüedad, la escritura infringe la inmortalidad y prudencia de la Razón. Para deconstruir esa displicencia generalizada en contra de la escritura, Derrida dilucida un nuevo concepto de escritura generalizada: la archiescritura. En oposición a la metafísica tradicional —en cual el signo y la escritura son secundarios respecto al habla—, Derrida reivindica a la escritura como el juego de una huella que entraña repetición, ausencia y muerte. La escritura abre el funcionamiento de la lengua en general.[6]

 La archiescritura se basa en ser lo que Derrida nombra un indecidible, es decir, es aquel término que nunca  remite a una presencia absoluta, es decir,  lo que se muestra como presente es sólo el rezago de una huella anterior y ésta de otra anterior y así sucesivamente. Perse en el origen se encuentra la repetición y por ende no puede asegurarse una originalidad de sentido. Por decirlo de otro modo, para Derrida, la escritura es previa al habla, y el habla sería tan sólo una manifestación fónica de esa escritura, o mejor dicho: archiescritura.

Siguiendo el discurso del filósofo francés, la memoria puede ser considerada como un archivo en donde cualquier recuerdo es una inscripción o una grafía. Este autor retoma la teoría de la memoria de Sigmund Freud. Le atañe que el psicoanalista considere a la escritura como un trazo o surco y no como un pintar con tinta. De este modo, Derrida aborda el texto Nota sobre la pizarra mágica, en el cual se expone principalmente que la memoria desfigura a la experiencia mediante dos procedimientos del aparato psíquico; uno que consiste en una función archivadora y otro que se basa en la capacidad ilimitada de la recepción o percepción. Lo anterior es relevante porque representa el problema central del psicoanálisis: ¿cómo diseñar un aparato psíquico en el que se cumplan ambas funciones que a primera vista parecen excluyentes?

De esta forma Freud plantea una analogía entre una “pizarra mágica” y el aparato psíquico; aspecto en el cual no profundizaré. En éste aparato se presentan las dos funciones esperadas y, a su vez, se producen huellas mnémicas que son alterables. El simple paso del tiempo modifica las huellas, tal como los nuevos registros modifican los registros previos; sin embargo, lo último también condiciona de alguna manera a los nuevos trazos. En otros términos, hay una modificación bidireccional. Por lo tanto, Derrida concluye que el recuerdo nunca es puro, y con ello la huella anuncia presencia y al mismo tiempo, ausencia.

A diferencia de la tesis de Ong, para Derrida no existe una escritura puramente fonética. Orueba de esto se encuentra en la puntuación; por ejemplo, cuando en un texto aparecen comillas, espacios u otros signos de puntuación no fonéticos, es necesario hacer gestos. Gestos que no son fonéticos.

En este punto, a mi parecer, se manifiesta un error de Ong. Él afirma a lo largo de su discurso, que el sonido es lo imperante y lo primigenio en el proceso de comunicación oral; y éste es también la base inicial del desarrollo lingüístico del ser humano en general. No obstante parece que si decidiéramos abstraer de esa forma los elementos, entonces a la gestualidad podría asignársele un dominio diferente que el del sonido. Para una cultura de tradición oral primaria tal como las que describe Ong, no sólo es importante la entonación, la voz y el sonido, sino que también son vitales las expresiones, los ademanes y los gestos. Los cuales Ong incluye simplemente como parte del dominio del discurso oral.

Si fuera posible remontarnos a tiempos arcaicos en los que el ser humano aún no lograba desarrollar su aparato fonético, entonces parecería que el origen del sistema de comunicación humano no es el sonido, sino el de la gestualidad y la expresión a partir de señas o mímica. Por lo tanto estas estrategias de comunicación se fundamentarían, quizá, en el sentimiento, el sentir, es decir, a partir de la corporalidad.

Estudios recientes aseveran que los seres humanos tienden a manifestar expresiones y microexpresiones de manera muy semejante. En gestos como la sonrisa, muecas de sorpresa o de tristeza, entre otras, comienzan a considerarse como expresiones universales que se erigen en la afectividad y en los sentimientos. Según las investigaciones, las pruebas que avalan dicha hipótesis se remontan al periodo en el que habitaba la tierra el homo neanderthalensis.[7]

Paul Ekman es reconocido por el estudio e identificación facial de las seis emociones universales: repugnancia, ira, miedo, sorpresa, alegría, tristeza; así como su repertorio de conductas no verbales.[8]

 Tal como afirma Sergio Ortega y Rodríguez con la cinésica: disciplina que estudia el movimiento corporal siempre ha sido menospreciada a lo largo de la historia. Es decir, los movimientos de las manos, brazos, pies, tronco y faciales no se toman en cuenta como elementos significativos para el proceso de comunicación.

 En una interacción humana estamos más atentos a la palabra que a los gestos que la acompañan. Si consideramos con Mehrabian y Birdwhistell que en una comunicación normal entre dos o más personas sólo 7% de los intercambios lo constituyen mensajes verbales, mientras que 93% restante es intercambio no verbal, tal pareciera que en los estudios del lenguaje hemos puesto mayor énfasis en la comunicación verbal y hemos dejado un poco de lado la otra parte, ampliamente significativa.[9]

 No obstante, el gesto debe entenderse bajo dos tipos de enfoque diferentes; el primero se orienta al estudio de éste (del gesto) como síntoma de un estado físico o emocional; dicha orientación se encamina hacia campos como la semiótica, sociología, antropología, historia y psicología. El segundo enfoque se remite al gesto como símbolo, o sea, el símbolo como experiencia interaccional que conlleva información múltiple y conforma una parte del sistema lingüístico. En este sentido el gesto es simbólico porque implica más que un simple movimiento, éste significa un mundo.

En esta acepción, las aportaciones del filósofo venezolano Simón Rodríguez son muy enriquecedoras, puesto que su argumento hace necesario pensar a la gestualidad en el sistema de comunicación; para él la palabra es compañera de la gestualidad.[10]

Por su parte Derrida podría reclamar que Ong considere que toda escritura precisa necesariamente de la oralidad o de la voz en tanto presencia presente:

Si no hay pues una escritura puramente fonética, es que no hay phoné puramente fonética. La diferencia que hace separarse los fonemas y hace que se oigan, en todos los sentidos de esta palabra permanece inaudible.[11]

Para Derrida, aquí empieza la problemática del signo y la escritura. En primer lugar, éste dirá que un signo es algo que se pone como el referente de una cosa cuando aquella está ausente, no obstante, es evidente que dicho referente no es en realidad la cosa-en-sí en términos kantianos. Empero, finalmente no importa si se trata de un incentivo físico, verbal, escrito o de cualquier otro tipo: el aspecto destacable es, que la circulación de los signos como referentes que conforman un sistema lingüístico se pone en marcha. Aquí lo elemental no es si estos incentivos empíricos son fonéticos o visuales, sino que ellos posibilitan la codificación mediante su carácter sígnico diferido, es otras palabras, para Derrida lo que está a la base de la comunicación en los seres humanos es la asimilación de los signos como huellas mnémicas. No importa si los fenómenos de la experiencia que dan lugar a ésta son de carácter acústico o visual.

Ahora bien, este principio de la diferencia, como condición de la significación, afecta a la totalidad del signo, es decir, afecta al mismo a la cara del significado y a la cara del significante. La cara del significado es el concepto, el sentido ideal; y el significante es lo que Saussure llama la «imagen», «huella psíquica» de un fenómenos material físico, por ejemplo acústico. […] Ya tomemos el significado o el significante, la lengua no comporta ni ideas ni sonidos que preexistan al sistema lingüístico, sino solamente diferencias conceptuales o diferencias fónicas resultados de este sistema.[12]

Por supuesto Ong está en desacuerdo con Derrida, pues para él la representación textual de una palabra no es en realidad una palabra, puesto que sólo es lo que él llama: un “sistema secundario de modelado”. Además las palabras no son consideradas como signos, según su juicio.

De este modo, si retomamos la crítica a Walter Ong respecto a no tomar en cuenta la gestualidad como un terreno diferente al de la oralidad, cabe mencionar con base en lo presentado en el párrafo anterior, que una huella mnémica sería un signo que queda de algo que se oyó o se vio sin necesidad de haber llegado a la escritura. Se entiende a la escritura en sentido restringido justo como Ong la entiende. Para Jacques Derrida el complejo sistema de signos, es, de hecho archiescritura; no obstante, como antes se mencionó, ese “algo” quizá  lleva consigo en esencia un determinado sentimiento. Mas sin embargo, esto es sólo una hipótesis personal.

En este sentido, considero que para dar marcha a la memoria, es necesario que se suscite un acontecimiento semejante; que por analogía se ligue para recordarlo y /o un afecto o sentimiento que los ligue. Por lo tanto, quizá el acontecimiento podría ser el motor de la memoria en una cultura oral primaria y no necesariamente el habla y el sonido.

Por ende, podría argumentarse que la oralidad primaria referida por Ong a la que atribuye el papel de motor originario en el desarrollo del proceso de comunicación y de pensamiento del ser humano, es refutable si pensamos que la oralidad primaria se basa en tendencias fundadas en el sentir. Quizá el sustento primigenio del desarrollo humano es el afecto y el sentimiento que se expresa en la corporalidad, en la memoria y en el pensamiento, antes que la oralidad en tanto que sonido rudimentario o hablado.  Y, si esto es así, entonces, ni la escritura —como Ong la entiende — ni la oralidad primaria pueden desarrollarse como tecnologías de comunicación si no parten de este supuesto.

Si lo presentado resulta difuso, para concluir haré un breve resumen de lo obtenido. En primer término, me parece que el desacuerdo inicial entre Derrida y Ong, acerca de cuál fue la parte reprimida y subordinada entre la escritura y la oralidad, se puede considerar desde ambos análisis. Ya que a lo largo de la historia tanto una idea como otra, han tenido apogeos en diversas  áreas; ya sea literatura o filosofía. Personalmente considero que hoy día, efectivamente la escritura goza del privilegio, sin embargo, creo que ese dictamen requeriría un estudio historiográfico más complejo.

Por otro lado, a pesar de que Ong asevera que en las culturas orales los conocimiento hablados se organizan de manera especial para ser recordados, éste no profundiza en los mecanismo del aparato psíquico de la memoria desde el punto de vista psicológico o neurológico (lo expuesto sobre la mente bicameral es muy vago). Incluso en algunas ocasiones el autor menciona que las personas pertenecientes a dichas culturas, llevaban a cabo ciertos procesos de manera “inconsciente”; por ejemplo: que el habla se aprendía desde el inconsciente. Lo que me lleva a preguntar, ¿de qué manera se podría discutir sobre lo “inconsciente” en estas culturas con oralidad primaria? Creo que el autor debería ser más prudente al utilizar el término moderno — de lo ‘inconsciente’ — en un contexto tan remoto sin explicar la pertinencia de éste. Hablar de ‘inconsciente’ presupone un obstáculo. a raíz de la teoría freudiana. Además, me parece que afirmar que la hipótesis de la mente bicameral es algo “sencillo y verificable” es un tanto pretencioso, ya que supongo la complejidad de verificar de manera sencilla lo que aconteció hace varios miles de años y más aún ¡dentro de la mente de un ser humano!

Sin embargo, creo que en general Ong es cuidadoso al delimitar la terminología como signo, grafía, escritura, alfabeto, etc., a diferencia de Derrida quien parece ampliar tanto la noción de escritura como archiescritura  que no es fácil discurrir con él. En cierto sentido sí me parece que la visión de este autor torna trivial el problema de la escritura. A pesar de ello, considero que Ong se equivoca al privilegiar el papel del sonido como el aparato primordial y originario en el proceso de comunicación y de pensamiento en el ser humano. De menos Derrida, opta por una postura neutra sin privilegiar a ninguno de los antagónicos.

Empero, me resulta curioso que cuando Ong habla de “Pre-alfabetismo” como el molde mental de la oralidad primaria; el molde al que refiere, desde mi punto de vista y con base en el análisis de Jacques Derrida, quizá no puede ser otra cosa más que un signo. Independientemente de que éste sea sonoro o visual, se compone del nivel básico para la comunicación y el pensamiento, y de lado la consideración del signo como escritura.

 

Bibliografía


Referencias    (↵ returns to text)
  1. W. Ong. Oralidad y escritura, pp. 16-17.
  2. Ibíd., p. 87.
  3. Ibíd., p. 37.
  4. J. Derrida. Freud y la escena de la escritura, consultado en: http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/freud.htm, 01/12/2011.
  5.  J. Derrida, La différance, consultado en: http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/la_differance.htm
  6. Sigifredo E. Marín y Gonzalo Lizardo, La desconstrucción según Derrida, consultado en: http://hiperficcionario.blogspot.com/2010/05/la-desconstruccion-segun-derrida.html, 08/12/2011.
  7. Vid, P. Ekman, Las Micro Expresiones en la Comunicación No Verbal, consultado en:

    http://www.paulekman.com/publications/recentbooks, 08/12/2011.

  8. Sergio Ortega y Rodríguez, Lenguaje no verbal y gestualidad: dos vertientes en los estudios del lenguaje, consultado en: http://www.filosofia.buap.mx/Graffylia/7/61.pdf, 08/12/2011.
  9. Ídem.
  10. Vid, Simón Rodríguez, Sociedades americanas.
  11. J. Derrida, La différance, consultado en: http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/la_differance.htm,  01/12/2011.
  12. Ídem.