Rugir en la jaula del nomos: Calicles y Nietzsche

En este ensayo, la alumna María González Miranda revisa y expone las similitudes entre las tesis principales de dos autores lejanos en el tiempo pero cercanos en cuanto a sus propuestas filosóficas: Calicles y Nietzsche. Partiendo del diálogo de Gorgias y de la Genealogía de la Moral, nuestra autora comienza su exposición planteando las semejanzas a partir de lo que en la filosofía de Nietzsche se conoce como la inversión de los valores. Durante el ensayo, María, se encarga de presentar las posturas de ambos filosóficos y nos explica cómo éstas no sólo coinciden sino que comparten y parten del mismo presupuesto sobre la naturaleza del hombre.
Ver y descargar PDF
Rugir en la jaula del nomos: Calicles y Nietzsche
Alumna: Luz María González Miranda
Colegio de Filosofía
Materia: Textos Filosóficos I
Profesor: Dr. Luis Muñoz Oliveira

Resumen

En este ensayo, la alumna María González Miranda revisa y expone las similitudes entre las tesis principales de dos autores lejanos en el tiempo pero cercanos en cuanto a sus propuestas filosóficas: Calicles y Nietzsche. Partiendo del diálogo de Gorgias y de la Genealogía de la Moral, nuestra autora comienza su exposición planteando las semejanzas a partir de lo que en la filosofía de Nietzsche se conoce como la inversión de los valores. Durante el ensayo, María, se encarga de presentar las posturas de ambos filosóficos y nos explica cómo éstas no sólo coinciden sino que comparten y parten del mismo presupuesto sobre la naturaleza del hombre.

Texto

Irreverente, subversivo, pasional, duro, indómito. Son adjetivos que pueden fácilmente traernos la imagen de Friedrich Nietzsche, con quien estamos todos tan familiarizados. ¿No son también adecuados para describir al sofista Calicles? Es difícil de comprender porqué al pensar en Nietzsche no pensamos también en él, pues tienen un enorme parecido. Basta con leer el diálogo Gorgias para sorprendernos de ello y corroborarlo. Tratemos a continuación de encontrar y examinar sus semejanzas.

¿Qué es lo justo? En el Gorgias, Calicles responderá a esta pregunta recurriendo a la Naturaleza: lo justo es que el débil sea dominado por el fuerte, como ocurre en el resto de los animales.

Esta naturaleza animal (reprimida) del hombre, es una de las principales preocupaciones de Nietzsche, ya que según él, de los instintos pertenecientes a ésta, de los que ahora nos hemos separado, provienen la fortaleza, la fuerza, la fecundidad y el placer del hombre.

Así, considera antinatural todo lo contrario a lo que según él es lo único real, lo único de lo que podemos valernos para explicar el universo: los sentidos, instintos y pasiones.

Sabemos, que para Calicles, esta triada es también de suma importancia, por eso propone que para lograr la virtud y la felicidad, no existe otro camino además de la satisfacción inmediata e indisciplinada de los apetitos, el acaparar la mayor cantidad de bienes y disfrutarlos. Pero la capacidad para lograrlo, ¿a quién corresponde? Es privilegio únicamente de los poderosos, de los hijos de reyes, de los tiranos; en pocas palabras, de la aristocracia.

De igual manera, Nietzsche reserva la virtud para lo que entiende por “nobles”, aquellos en los que está concentrado el poder político. En La Genealogía de la Moral, explica el origen del concepto de “bueno” como una forma de éstos para denominarse a ellos mismos, considerando en contraste como “malo” todo lo plebeyo y vulgar. Como síntesis de ello, encontramos en la misma obra el reconocimiento de una estrecha relación entre la preeminencia política y la anímica.[1]

Sobre este mismo aspecto, es preciso recordar que cuando Sócrates pide a Calicles que le aclare a quién considera poderoso y digno de acaparar más, Calicles habla de aquellos involucrados en los asuntos de la ciudad y capaces de administrarla bien.

Por su parte, Nietzsche afirma algo similar:

Fijar precios, tasar valores, imaginar equivalentes, cambiar [...]  constituye, en cierto sentido, el pensar [...]: aquí se podría sospechar igualmente que estuvo e germen primero del orgullo humano, su sentido de preeminencia respecto a otros animales.[2]

Hasta este punto, hemos definido las características que tanto para Calicles como para Nietzsche tienen los merecedores del poder, y para ello partimos de un concepto muy extenso: el de lo natural.

Cuando Calicles pretende distinguir la naturaleza de las convenciones, asegura que las últimas son establecidas por los débiles según su conveniencia. Así, por medio de la ley, están protegidos de los “hombres más vigorosos”, de manera que éstos no puedan acaparar más de lo que ellos pueden.

Para Calicles, la naturaleza y la convención son dos términos totalmente antagónicos, fungiendo la segunda como un freno para los fuertes, un artificio para desanimalizar al hombre y menguar sus instintos. Esta función de la convención será descrita del mismo modo por Nietzsche, quien además renombrará a la convención como moral.

Calicles reconoce que vive bajo el gobierno de la multitud, que establece los juicios  ante los que casi todos han de doblegarse, por ejemplo, que es más feo cometer injusticia que padecerla. Podemos ver cómo Nietzsche lo admite expresamente y con amargura en La Genealogía de la Moral cuando leemos: “‹‹Los señores›› están liquidados, la moral del hombre vulgar ha vencido”.[3]

Pareciera en ambos casos, que hay una inversión de roles o papeles, en donde el fuerte, el poderoso por naturaleza, se vuelve tan débil que cae bajo el yugo de los débiles por naturaleza (posiblemente porque éstos son más numerosos, o porque como señala Nietzsche, los pertenecientes a las razas nobles no tienden a asociarse, sino a aislarse).[4] Nietzsche percibe, estudia y explica no sólo esta inversión de papeles, sino también la inversión de los conceptos “bueno” y “malo”: los malos son los nobles, los buenos los envenenados por el resentimiento y que se santifican a sí mismos.[5]

El problema del resentimiento es crucial tanto para Calicles como para Nietzsche, es un eje que marca la similitud entre ellos; no obstante, conviene abordarlo posteriormente. En este momento resulta apremiante exponer la solución a la inversión de papeles entre el fuerte y el débil que Calicles y Nietzsche propusieron.

Lo que sale a nuestro encuentro es nada menos que la tiranía. Calicles lo manifiesta claramente al elogiar a Sócrates cuando éste finge creer que “o se debe mandar uno mismo en la ciudad, o ser un dictador”[6]; mientras que Nietzsche propone “un orden de derecho pensado como algo soberano y general, pensado no como medio en la lucha de complejos de poder, sino como medio contra toda lucha en general”.[7]

Por complejos de poder, obviamente se refiere a uno solo: el de los resentidos. Cuando sugiere un orden de derecho que se imponga a toda lucha, que no dé cabida a ninguna, no podemos más que pensar en totalitarismo, en una tiranía de la cuál es imposible ir en contra.

Quizá, convenga recordar los pasajes de La Genealogía de la Moral en los que expone múltiples y severas críticas directas (textuales) a la democracia, quedando éste como el gobierno antinatural de los débiles.

Calicles no arremete textualmente contra ella, pero en el Gorgias, casi automáticamente nos hace pensar en cuánto detestaba el carácter democrático. Adolfo Menzel comenta al respecto:

La teoría de alianza entre los débiles, pacto [convención] en el que Calicles encuentra a esencia de la democracia, hace surgir una nueva pregunta: Esa alianza, ¿debe equipararse al contrato primitivo que dio origen al Estado? [...] El pensamiento de igualdad universal [...] sería una estructura básica e idealizada, que sirve para ocultar el contenido de la democracia, que no es otro sino la subyugación de los más nobles. No sólo la constitución, también la moral de la democracia está envuelta por esta característica; más aún, Calicles afirma expresamente que el juicio sobre lo bueno y o malo y, en general, la educación de la juventud están determinados por el falso principio de la igualdad.[8]

Nietzsche no duda en mirar con desdén el concepto de contrato o pacto social, atacándolo al decir: “Quien puede mandar, quien por naturaleza es ‹‹señor››, quien aparece despótico en obras y gestos, ¡qué tiene él que ver con contratos!”.[9] Aquí no sólo menosprecia al pacto social y le atribuye un carácter ilegítimo, sino que nos ofrece una imagen de quien debe gobernar por naturaleza: el tirano despótico. Eso es todo lo que cabe señalar respecto a la tiranía. Ahora es preciso adentrarnos en el tema del resentimiento, causante del declive del dominio de los nobles:

Según Calicles, los débiles hacen parecer injusto el que alguien acapare más que los demás, pues “se dan por contentos cuando se hacen con la igualdad siendo más viles”.[10]

Pero, ¿qué significa este ser más viles? Parece que Calicles no lo pone muy en claro. No obstante, menciona que el implantar un juicio, según el cual acaparar más que otros es injusto, y por el cual se considera que la desmesura, la indisciplina y la no-moderación son reprobables; no es más que una forma de recriminar por vergüenza ante la propia incapacidad para satisfacer sus apetitos (como lo haría de manera supuestamente injusta el más fuerte que ellos).[11]

Parece que es necesario retomar la pregunta: ¿qué es lo que envilece a estos hombres? Aunque la duda provenga de las palabras de Calicles, no hay nadie mejor para responderla que Nietzsche: es el resentimiento hacia los capaces de acaparar más, aquello que los inunda de esa malignidad sutilmente aludida por Calicles.

Según Nietzsche, la pasividad que los caracteriza y por la cual les es imposible escapar, no les deja otra forma de venganza contra los nobles, más que una imaginaria:[12] la modificación de los valores, la ya mencionada inversión de los conceptos “bueno y malo”.

Surge una nueva pregunta: en este atentado contra la naturaleza, ¿qué consecuencia trae para los responsables de él, o qué implica? El autoengaño y la necesidad de una felicidad artificial.

La felicidad natural, como ya habíamos acordado, para Calicles y para Nietzsche radica en los apetitos, los deseos y las pasiones. De tal manera, Calicles puede sostener que los muertos y las piedras no pueden gozar de la felicidad, puesto que no necesitan nada. La felicidad no es la satisfacción completa, sino trasegar.[13]

Respecto a esto, Nietzsche coincide, en más de un aspecto, con Calicles, al declarar que “un quantum de fuerza es justo un tal quantum de pulsión, de voluntad, de actividad, más aún, no es nada más que ese mismo pulsionar, ese mismo querer”.[14]

Es por esta razón, (por esta asociación de la felicidad con los placeres, apetitos y pasiones) que Nietzsche y Calicles condenan violentamente la moderación.

Nietzsche expresa en La Genealogía de la Moral que es absurdo“exigir de la fortaleza que no sea un querer dominar, un querer sojuzgar, un querer enseñorearse, una sed de enemigos, resistencias y triunfos.”[15] Así como explicitará en Zaratustra: “No son sus pecados, sino su moderación lo que clama al cielo”.[16]

Esto puede traducirse en palabras abruptas y mucho más simples, en las palabras que Calicles dirige a Sócrates: “Qué gracioso eres: llamas moderados a los imbéciles”.[17]

Pero parece que no podemos terminar aún con el asunto del autoengaño y la necesidad de una felicidad artificial.

Calicles habla del “elogio a sí mismos” que se hacen los que Nietzsche llamará “los resentidos”, al huir de aquello que no pueden hacer con facilidad y al menospreciarlo para elogiar aquello en lo que sí son buenos.

Lo mismo reconoce Nietzsche cuando afirma que los débiles se consideran a sí mismos los buenos y a sus enemigos los malos,[18] cuando explica que creen que su debilidad es un mérito, así como cuando dice que les conviene no hacer nada para lo cual no son lo suficientemente fuertes.[19]

Y como antítesis del resentido que se autoengaña y que niega su naturaleza animal, encontramos al hombre valiente. La valentía es una virtud innata que Calicles y Nietzsche reconocen en el fuerte a quien le corresponde el poder.

La valentía, consistirá, tal cual Calicles asevera, en la capacidad de satisfacer los deseos propios; y como Sócrates se ve obligado a admitir al verlo en Calicles, valentía es también desafiar y contradecir las opiniones comunes.

Como ya se dijo, también para Nietzsche la valentía es una virtud fundamental. Por ello, en La Genealogía de la Moral habla del hombre valeroso (que forma parte de la raza de los nobles) cuya seguridad está enraizada en sus instintos y que le permite lanzarse a ciegas al peligro y al enemigo.[20]

Pero, como explicábamos anteriormente, el fuerte ha sido dominado paradójicamente por el débil, a pesar de su valentía.

Hemos analizado la explicación que para esto ofrecen Calicles y Nietzsche. Pero, ¿cuál es su respuesta ante ello? La esperanza en la venida de un superhombre, lo suficientemente valiente y fuerte para restablecer el orden adecuado.

Calicles habla de cómo los niños son tomados desde pequeños como leones, y son amansados y sometidos. Habla también de un hombre que es capaz de pisotear todos los engaños contrarios a la naturaleza.[21]

Adolf Menzel afirma que Calicles no estuvo tan lejos de esbozar el concepto del superhombre: “Calicles [...] está lleno de simpatía hacia el superhombre, en cuya figura encuentra la más alta encarnación del derecho natural”.[22]

Mientras tanto, Nietzsche usa la misma analogía que Calicles: el león como símbolo de fuerza y valentía. El león se refiere a ese hombre mencionado por Calicles, que ha de redimir la raza de los nobles:

El espíritu se transforma en camello; el camello en león [...] El camello soporta pesadas cargas, va cargando hacia su desierto, en cuya soledad el espíritu se convierte en león [...] para luchar victorioso contra el dragón [...] animal escamoso; en cada escama brilla en letras doradas: “tú debes” [...] Hace falta un león [...] para criarse en libertad, oponer un sagrado no al deber.[23]

Y  esto es con lo que  quedamos: las semejanzas entre Nietzsche y Calicles son bastantes como para desembocar la misma última palabra, aquella que insinúa un final casi abierto, al menos en cuanto a sus planteamientos sobre el poder y la moral se refiere. Este final casi abierto es, si no la espera, al menos la remota esperanza del surgimiento del superhombre, al menos, en un muy lejano futuro.

Bibliografía.

-Manzano, Jorge,  Nietzsche: Detective de bajos fondos, México D.F., Universidad Iberoamericana, 2002.

-Menzel, Adolfo, Calicles: Contribución a la historia de la teoría del derecho del más fuerte, trad. de Mario de la Cueva, México D.F, Universidad Nacional Autónoma de México, 1964.

-Nietzsche, Friedrich,  La Genealogía de la Moral,  trad., introd., y notas de Andrés Sánchez Pascual, Madrid, Alianza Editorial S.A., 2011


Referencias    (↵ returns to text)
  1. Friedrich Nietzsche. La Genealogía de la Moral, Tratado I, fragmento 6, p. 48
  2. Ídem, Tratado II, fragmento 13. p.102.
  3. Ídem, Tratado I, fragmento 9, p. 55.
  4.  Ídem, Tratado 3, fragmento 18, p. 199.
  5. Cfr. Ídem, Tratado I, fragmento 11, p. 60-61.
  6. Platón, Gorgias, 510a-b.
  7. Friedrich Nietzsche, op. cit. Tratado II, fragmento 11, p.110.
  8. Adolfo Menzel. Calicles: Contribución a la historia de la teoría del derecho del más fuerte. p. 35-36.
  9. Friedrich Nietzsche, op. cit. Tratado II, fragmento 17, p.125.
  10. Platón, op.cit. 483c.
  11. Cfr. Ídem, 492a.
  12. Friedrich Nietzsche, op. cit. Tratado I, fragmento 10, p. 56
  13. Platón, op. cit. 494b-c
  14. Friedrich Nietzsche, op. cit. Tratado I, fragmento 13, pp.66-67
  15. Íbidem.
  16. Friedrich Nietzsche, Así hablaba Zaratustra. Jorge Manzano, Nietzsche: Detective de bajos fondos. p. 67
  17. Platón, op. cit. 491d
  18. Friedrich Nietzsche, La Genealogía de la Moral, Tratado I, Fragmento 10, p. 60.
  19. Ídem, Tratado I, Fragmento 13, p. 60.
  20. Ídem, Tratado I, Fragmento 10, p. 59.
  21. Platón, op.cit., 483 e- 484ª.
  22. Adolf Menzel, op.cit., p.38.
  23. Friedrich Nietzsche, Así hablaba Zaratustra. Apud. Jorge Manzano, Nietzsche: Detective de bajos fondos.