Pseudo Dionisio Aeropagita: Habitar la Incertidumbre

En este ensayo el autor nos propone repensar la actualidad del pensamiento de Pseudo Dionisio Aeropagita. El alumno, Antonio Rocha plantea la cuestión de incertidumbre como fundamento de una creencia teológica para la vida. La negatividad de la razón, como hilo conductor para demostrar a la existencia de un Dios ininteligible. ¿Cómo creer en algo en algo que la razón no concibe? ¿La fe es puntal suficiente para vivir sometidos a la incertidumbre?
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Alumno: Antonio Rocha Buendía
Colegio de Filosofía
Materia: Textos Filosóficos III
Profesor: Rafael Ángel Gómez Choreño

Resumen

En este ensayo el autor nos propone repensar la actualidad del pensamiento de Pseudo Dionisio Aeropagita. El alumno, Antonio Rocha plantea la cuestión de incertidumbre como fundamento de una creencia teológica para la vida. La negatividad de la razón, como hilo conductor para demostrar a la existencia de un Dios ininteligible. ¿Cómo creer en algo en algo que la razón no concibe? ¿La fe es puntal suficiente para vivir sometidos a la incertidumbre?

Texto

 Mucho se ha discutido acerca del papel en el cristianismo de Pseudo Dionisio Areopagita como pilar de la ortodoxia católica o incluso, por otro lado, padre de la más subversiva y anómala corriente del pensamiento cristiano: la mística. Pseudo Dionisio fue un teórico entregado a la fundamentación racional de los dogmas practicados por la Iglesia; fuente donde abrevan los críticos más profundos del intelecto escolástico. La lectura de Pseudo Dionisio se dona desde cualquier plano de dichos vértices. Asimismo, es posible sostener -con base en sus textos- las variadas lecturas de la mística medieval. Tal es la complejidad y la riqueza de su pensamiento.

Es esencial abogar por una lectura estrictamente filosófica del Aeropagita. Se tratará de deslindar, en la medida de lo posible, los contenidos puramente teológicos de los filosóficos para ilustrar las propuestas teóricas de Pseudo Dionisio. Es decir, la propuesta es penetrar en los problemas que plantea el Areopagita, examinar el modo en que procura descifrarlos y aprehender el horizonte conceptual desde el cual nos invita a pensar. En última instancia, se pretenderá reinsertar su filosofía en el contexto de una problemática contemporánea: el advenir del nihilismo en la cultura occidental.

Así pues, el presente ensayo se desarrolla a partir de dos premisas: la primera sostiene, que es posible interpretar el pensamiento del Areopagita como una confrontación de las falsas certidumbres, es decir, el objetivo al que apunta su filosofía es desmontar el ámbito de las certezas espurias. La segunda premisa, consecuencia necesaria de la primera, afirma que Pseudo Dionisio provee de herramientas conceptuales que permiten repensar un modelo ético que parte de la ausencia de certeza, del desfonde de falsas seguridades siempre dogmáticas, siempre negadoras de la vida. Sobre las referidas premisas, se erige la hipótesis sustancial: la filosofía dionisiana desde la perspectiva filosófica, se nos revela como un asidero teórico que permite plantear la superación del nihilismo existencial como crítica radical de la “falta de fundamento”. Pseudo Dionisio, pues, nos enseñaría a habitar la incertidumbre.

 Se desarrollará dicha hipótesis en tres partes: en la primera se hace un análisis de la relación entre lenguaje y mística, al interior del pensamiento dionisiano. Con ello, se propone demostrar en qué medida la crítica y postura de la tradición cristiana esencialmente dogmática, se aúna con la crítica del lenguaje.

 En la segunda parte se abordará con mayor detenimiento los puntos específicos que el Areopagita cuestiona a la teología cristiana, es decir, la crítica que incidirá directamente en las categorías cristianas.

 Por último, en la tercera parte, se analizará la reformulación dionisiana del concepto de Dios y se tratará en términos concretos su propuesta ética.

Lenguaje y teología mística.

 Nunca se logrará una comprensión cabal de la filosofía areopagita sin cuestionarnos previamente, como lo hizo Pseudo Dionisio, sobre la relación que guarda el lenguaje con el pensamiento y, en última instancia, con el ser. Así planteada, esta pregunta quizá resulte moderna, pero ello no quiere decir que el núcleo problemático del ser no existiera para Pseudo Dionisio y sus coetáneos. En léxico cristiano, la pregunta aparece formulada en otros términos: ¿es posible asignarle a la palabra la función de representar lo divino? ¿Se comprende a Dios en los análisis conceptuales de la teología y es posible aprehenderlo mediante categorías humanas? ¿Cumple el lenguaje con la tarea de penetrar en lo sagrado? Quizá, sea necesario escuchar lo que dice Dionisio en el comienzo de su Teología Mística, dirigiéndose al Padre:

 […] condúcenos a la más desconocida, la más luminosa, la más alta cumbre de las Escrituras místicas; allí están ocultos, bajo las tinieblas más que luminosas del silencio que revela los secretos, los simples, absolutos e inmutables misterios de la teología.[1]

 Tinieblas luminosas, silencio que revela. Este pasaje, desde el comienzo de la Teología Mística, pone de manifiesto el problema fundamental del ensayo: la relación entre lenguaje y conocimiento de lo divino. Hay aquí, en efecto, una exploración y un reconocimiento de los límites y las posibilidades del lenguaje para dar cuenta de la Divinidad.

 Pseudo Dionisio dedica esencialmente en su texto a subrayar la insuficiencia de conceptos y categorías que profesa la teología tradicional para explicar a Dios. La Divinidad trasciende todo conocimiento y concepto; se sitúa por encima de cualquier aprehensión puramente intelectual:

 Rogamos que también nosotros podamos adentrarnos en esas tinieblas luminosas y renunciando a toda visión y conocimiento podamos ver y conocer al que está por encima de toda visión y conocimiento.[2]

 Pero la crítica hacia la tradición teológica implica una segunda consideración: si Dios es definido por el Areopagita en términos de absoluta trascendencia, ¿cómo hablar de Él? Resulta interesante volver la mirada a los métodos retóricos de Pseudo Dionisio, por un lado, en la totalidad de sus textos, el Areopagita recurre al oxímoron como símbolo que permite radicalizar al lenguaje y su significación para hablar de divinidad de ciertos modos; tales como: tinieblas luminosas, silencios que revelan, luz negra, complejidad simplísima. La contradicción metafórica de las palabras, permite romper el lenguaje puramente teórico y procurar cierta apreciación poética de la divinidad. Pero el recurso asume su carencia. Se cimenta en la premisa donde la palabra en sí misma es insuficiente para dar cuenta de lo sagrado.

Por otro lado, Pseudo Dionisio recurre también a superlativos: si es posible hablar de ciertos atributos de Dios, él ha de poseerlos en grado eminente, mucho más allá de los límites de nuestra racionalidad humana

 Es necesario decir de la Causa [Dios] todo lo que se afirma de los seres, por ser la causa de todos ellos, y todo eso decirlo de Ella más propiamente, porque es supraesencialmente superior a todas las cosas.[3]

 Dios no es esencia, sino Supraesencial; no es bien, sino Suprabondad; no es belleza, sino Suprabelleza.[4]

 Ahora bien, se debe contemplar que el uso del oxímoron y de superlativos va más allá de ser un simple recurso retórico. Se engarzan y trastocan a lo largo del discurso, para constituir un modo de entender, de representar, pero sobre todo de experimentar la drástica otredad de Dios. A la vez acentúa al lenguaje, lo radicaliza, lo somete a extrañas paradojas y contradicciones, encausa la técnica hasta sus últimas consecuencias; el lenguaje deviene silencio:

 […] pues realmente cuanto más alto ascendemos, encontramos menos palabras para poder explicar las visiones de las cosas espirituales. Por ello también ahora, al adentrarnos en las tinieblas que exceden toda inteligencia, no solamente seremos parcos en palabras, sino que nos quedaremos totalmente sin palabras y sin pensar en nada.[5]

 Para Pseudo Dionisio, Dios no se puede representar. Ninguna palabra, ni concepto pueden agotarlo. Por ello, que la única forma de hablar de él sea la elevación poética del lenguaje: Dios es “lo Inefable[6]

 ¿Se logra apreciar la importancia de la crítica del lenguaje? La tradición intelectual cristiana intentaba fundar sus dogmas sobre la certeza del concepto, es decir, sobre una interpretación del lenguaje como espejo de lo real. La herramienta que permite su apoderamiento. Pero, ¿y si no es la naturaleza del lenguaje?, ¿si la certeza del concepto es una falsificación del ser?

 La crítica de la teología conceptual

 Detengámonos ahora en la crítica que Pseudo Dionisio empuña hacia la teología intelectualista. Con respecto a las formas de representación de la Divinidad, el Areopagita es claro: Dios no es nada sensible —tal como entendemos a lo sensible — “Que no es nada sensible la Causa trascendente a la realidad sensible[7]; ni es nada conceptual, “Que no es nada conceptual la Causa suprema de todo lo conceptual”.[8]

 Sin embargo, en tiempos del Pseudo Dionisio se entablaban fuertes disputas en torno a la formación de la ortodoxia cristiana, para esclarecer el tema, en torno a las categorías que se asumían como auténticamente cristianas. Se enunciaba un paradigma, una línea de normalidad sobre cómo hablar de Dios y de cómo se tenía que ser cristiano.

 Ahora bien, la ortodoxia radicaba en que el cristiano se autentificara como tal, por dicho modo de ser y hablar. Su pensamiento debía estar fundado en la positividad y univocidad de los conceptos que se empleaban para nombrar a Dios

 Y es aquí donde se inserta la crítica radical del Areopagita. ¿Cómo podría la Iglesia fundar un aparato conceptual sobre un Dios pensado esencialmente como profundidad, indeterminación y silencio? De ese modo podemos entender las palabras que Pseudo Dionisio empuña contra “los profanos”:

 […] me refiero a los que se contentan con los seres y no se imaginan que haya algo superior supraesencialmente a los seres, sino que creen que con su razón natural pueden conocer al que puso la oscuridad por tienda suya. [9]

 Pseudo Dionisio no se olvida de la teología conceptual, pero la aborda desde una perspectiva diferente: los conceptos de la teología son pensados en el orden simbólico. Son tal como él lo afirma, “razonamientos hipotéticos[10] que permiten hacer pensable a Dios, peldaños que preparan nuestro ascenso hacia Él, pero que de ningún modo lo abarcan ni lo agotan. Incluso, como parece afirmar en algunas de sus cartas[11], utilizar esos conceptos para fundar una ortodoxia es abusar de ellos.

 El error del cristianismo ortodoxo constó de fundar su doctrina sobre una aprehensión puramente racional de Dios. Lo que se transforma en objeto de crítica hacia el cristianismo. Para Pseudo Dionisio, todo pensamiento dogmático desemboca necesariamente en una visión delimitada de la divinidad. Seamos más claros, porque lo que se pone en boga no es sólo la manera en la que se hablará de Dios. Lo que  importa rescatar de la filosofía dionisiana, es su negativa a ofrecer un asidero inconmovible para la razón. Es ahí donde podemos reconocer la actualidad de Pseudo Dionisio.

 El dogmatismo de la razón tiende a privilegiar una visión totalitaria y sintética de lo real. Recorta una visión del mundo y la ofrece como universal, como la única verdadera. Ahora, tal forma de racionalidad tiene implicaciones éticas inmediatas: la interpretación del mundo que se toma por verdadera, respaldada por todo un aparato conceptual, se ofrece también como paradigma de comportamiento y como parámetro a partir del cual se posibilita juzgar toda acción. Se condena a cualquier modo de relacionarse con el mundo que no se adapte a los parámetros que la razón se ha dado a sí misma para pensar el mundo.

 No significa que se deba negar un pensamiento racional del mundo, sino que debemos atender la existencia de otras formas de representarlo, aprehenderlo, y por tanto, de relacionarnos con él. El fallo de la razón occidental es creer en la ilusión donde el cosmos se representa de un modo único y total.

 Pseudo Dionisio abre puertas para distintas formas del pensamiento, que no ejerzan una reducción conceptual del ser, sino que, por el contrario, celebren su diversidad, su evanescencia, su incesante devenir; su irreductibilidad a nuestra razón.

 Incertidumbre y Fundamento.

 Para la filosofía cristiana Dios es principio de realidad, fundamento ético, epistémico y ontológico. Todo lo que es, asume a Dios como causa; y sólo a través de Él puede ser comprendido. Para entender la radicalidad de la propuesta de Pseudo Dionisio, habría que empezar por analizar su reformulación del concepto de Dios.

 No es ninguna de las cosas que son ni tampoco de las que no son, ni los seres la conocen tal como es ni Ella conoce a los seres tal como son. No hay palabras para Ella, ni nombre, ni conocimiento. No es tinieblas ni luz, ni error ni verdad. Nada en absoluto se puede negar o afirmar de Ella, pero cuando afirmamos o negamos algo de las cosas inferiores a Ella no le añadimos ni quitamos nada, pues la Causa perfecta y única de todas las cosas está por encima de toda afirmación y también la trascendencia de quien está sencillamente libre de todo está por encima de toda negación y más allá de todo. [12]

 El Dios de Pseudo Dionisio es trascendencia absoluta, la mayor otredad. Como lo indica el pasaje, la Divinidad es ajena a cualquier determinación lógico-racional. Y si acaso algunas de nuestras palabras permiten representar la Divinidad, éstas sólo puede ser: ‘Silencio’ y ‘Abismo’.

 Ahora se clarifica el hilo conductor del aguijón areopagítico: ¿Cómo fundar certidumbre, cómo construir y comprender lo real a partir de ese Ser que sólo puede pensarse como la más pura Indeterminación? Lejos de eludir el problema, la filosofía de Pseudo Dionisio puede entenderse como un intento serio y comprometido por penetrar en el abismo del ser.

 En el proceso, la pregunta se desplaza, se reconfigura el modo de pensar y argumentar: no en cuestionarse sobre cómo se posibilita la certeza, sin cómo vivir para asumir la incertidumbre. Una filosofía que no busca fundar la experiencia del Bien y de la Verdad en la solidez de los conceptos, sino en la evanescencia y en fugacidad de la vida misma.

 Al pensar a Dios como abismo y como trascendencia radical, Pseudo Dionisio incorpora vivencias —concretas, humanas — de angustia y miedo como experiencias sagradas.

En general, lo que el areopagita explora es el camino de lo indeterminado: las experiencias del vacío, finitud y evanescencia vivenciales mutan en hierofanías (manifestaciones de lo sagrado). Retoma las afecciones y las constituye, ya no como aquello que conduce al hombre al sentimiento nihilista de desarraigo, sino como lo que nos permite intuir el poder absoluto de la Divinidad como fuerza inquebrantable del ser y de la vida; afirmarnos en ella (la Divinidad), asumirla con fortaleza y gozo.

 Ahora, es a partir del gozo existencial que podemos comprender la segunda parte de la propuesta dionisiana. Hagamos la pregunta ¿Es posible una vida espiritual consciente de la imposibilidad de conocer a Dios? Para Dionisio, no hay duda al respecto. Donde podemos erigir la espiritualidad es desde la más absoluta confianza. Desde la fe. ¿Qué es la confianza depositada en la Divinidad imposible de conocer? No otra cosa que yacer a la deriva de la incertidumbre que acompaña siempre nuestra existencia. Depositar nuestra fe en algo que no ampara ni seguridad ni certidumbre. Otra vez, entregarse a la vida.

 La crítica a la teología conceptual y su desenlace en una forma de vida que se funda en el modelo de la confianza y de la fe: Pseudo Dionisio nos invita a contemplar el mundo con anterioridad al concepto, a la reducción racional. ¿Se necesita vivir en la certeza, en la seguridad de un fundamento? El areopagita propone un nuevo paradigma de seguridad ontológica: estar ciertos sólo de la incertidumbre y sumergirnos en ella a través de la confianza. Una analogía de la filosofía dionisiana diría: “Un ave no vuela porque está segura de que sus alas no van a traicionarla, sino porque no puede dejar de hacerlo”.

 Pseudo Dionisio es uno de los escasos pensadores de la tradición occidental que no han creado su filosofía para buscar seguridades, sino para, literalmente, entregarnos a la vida. El areopagita no sólo no ha tenido miedo de pensar al ser como caos, como indeterminación, como Nada, sino que además le otorga prioridad filosófica a estas nociones en puntos esenciales de su doctrina al convertirlas en puntales del concepto de Dios y de creación.

 El pensamiento de Pseudo Dionisio es filosofía en la medida en que su teología, puede entenderse como una santificación absoluta de la creación; podemos verlo como una defensa sin condiciones de la vida y una dignificación de todo lo real, presencia sin fundamento.

 

 

 

Referencias    (↵ returns to text)
  1. Pseudo Dionisio Areopagita, “Teología Mística” en: Obras Completas. Trad. de Hipólito Cid Blanco. Ed. prep. por Teodoro H. Martín, así como la trad. de la Jerarquía eclesiástica. Presentación de Olegario González de Cardedal. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2002, p. 245.
  2. Ibíd., p. 248.
  3. Ibíd., p. 246.
  4. Sobre el uso del lenguaje superlativo en la teología dionisiana, véase sobre todo: Pseudo Dionisio Areopagita, “Los nombres de Dios” en: Obras completas, pp. 3-99.
  5. Pseudo Dionisio Areopagita, “Teología Mística” en, Obras completas, p. 249.
  6. Ibíd., p. 250.
  7. Ibíd., p. 251.
  8. Ibídem. A este respecto, véase sobre todo los capítulos IV y V de la Teología Mística.
  9. Pseudo Dionisio Areopagita, “Teología Mística” en: Obras completas, p. 246.
  10. Ibídem.
  11. Pseudo Dionisio Areopagita, “Cartas varias” en: Obras completas, pp. 255-285. Véase sobre todo la Carta VII
  12. Pseudo Dionisio Areopagita, “Teología Mística” en Obras Completas, p. 252.