La controversia Moulines-Pereyra en torno al materialismo

En este ensayo, la alumna Laura Zertuche revisa y problematiza el concepto de materialismo a partir del debate surgido entre Ulises Moulines y Carlos Pereyra. Partiendo de la crítica que lleva a cabo el filósofo venezolano C. Ulises Moulines, nuestra autora comienza su exposición planteando el problema que implica autodenominarse “materialista”. Una vez planteado el problema, expone las posturas de ambos filosóficos y nos explica cómo éstas entran en conflicto. A lo largo del texto Laura se encarga de mostrarnos los puntos controversiales en torno a este concepto para después presentarnos los alcances de las tesis y las críticas presentadas por ambos filósofos. Finalmente, Zertuche acentuará la importancia no sólo de delimitar conceptualmente lo que entendemos por materialismo sino, también, de cuestionarnos los presupuestos y establecer las condiciones desde dónde se legitimará el uso de tal concepto. Este concepto, concluye nuestra autora, responde a problemáticas que revelan presupuestos diferentes que emanan desde las ciencias “duras” o “del espíritu”.
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Alumno: Laura Ivette Zertuche Leyva
Colegio de Filosofía
Materia: Temas Contemporáneos de Filosofía en México
Profesor: Lic. Alfonso Vázquez Salazar  

Resumen

En este ensayo, la alumna Laura Zertuche revisa y problematiza el concepto de materialismo a partir del debate surgido entre Ulises Moulines y Carlos Pereyra. Partiendo de la crítica que lleva a cabo el filósofo venezolano C. Ulises Moulines, nuestra autora comienza su exposición planteando el problema que implica autodenominarse “materialista”. Una vez planteado el problema, expone las posturas de ambos filosóficos y nos explica cómo éstas entran en conflicto. A lo largo del texto Laura se encarga de mostrarnos los puntos controversiales en torno a este concepto para después presentarnos los alcances de las tesis y las críticas presentadas por ambos filósofos. Finalmente, Zertuche acentuará la importancia no sólo de delimitar conceptualmente lo que entendemos por materialismo sino, también, de cuestionarnos los presupuestos y establecer las condiciones desde dónde se legitimará el uso de tal concepto. Este concepto, concluye nuestra autora, responde a problemáticas que revelan presupuestos diferentes que emanan desde las ciencias “duras” o “del espíritu”.

 

Texto

En el año de 1977 aparece publicado un ensayo llamado Por qué no soy materialista escrito por el filósofo venezolano C. Ulises Moulines, el cual se enfoca a dar razones en contra de la utilización del término materialismo de forma ligera. Este ensayo generó una amplia respuesta por parte de la comunidad filosófica de la cual surgieron varias réplicas. Entre ellas, una que fue publicada en el año de 1979  por el filósofo mexicano Carlos Pereyra. Con lo cual se abre una de las controversias más importantes de la historia de la filosofía mexicana del siglo XX (recuperada en un libro llamado La polémica del materialismo publicada en 1982). La importancia de la polémica entre estos dos filósofos radica en que ambos textos contribuyen a explicar el materialismo visto desde dos posturas completamente diferentes. Éstos filósofos abordan el materialismo desde ramas de la filosofía muy diferentes, Moulines lo hace desde una perspectiva científica mientras Pereyra lo hace desde el llamado materialismo histórico.

En el presente ensayo intentaré, de manera brevísima, explicar en primer lugar la posición de Moulines ante el materialismo, posteriormente expondré la réplica que lleva a cabo Carlos Pereyra en contraposición al texto escrito por el filósofo venezolano para, finalmente, dar mi punto de vista respecto a ambas posturas.

I

Moulines comienza el ensayo titulado Por qué no soy materialista diciendo que las personas que se autodenominan materialistas no tienen idea de qué es la materia puesto que los físicos, a quienes según Moulines les compete establecer la definición de ésta, tampoco lo saben. Según el filósofo venezolano los físicos son la única autoridad para dar una definición de materia, y dice que si se le pregunta a ellos qué es la materia, darán sin duda una serie de respuestas esotéricas que tienen que ver con “ondas de probabilidad” o de “puntos de singularidad de espacio-tiempo”. El autor considera que la mayoría de las personas que se autodenominan “materialistas” no comprenden este tipo de explicaciones y, aunque así lo hicieran, dichas explicaciones cambian aproximadamente cada diez años. Con lo cual, resulta casi imposible, por lo menos hasta el momento, dar una definición certera acerca de la materia.

Así pues, Moulines propone que al no haber un conocimiento claro de lo que es la materia, no se debe utilizar el concepto por parte de aquellos que se reconocen como materialistas, por lo que es mejor callar sobre aquello de lo que no se puede hablar.

El filósofo de la ciencia nos dice:

Claro que muchos materialistas, sobre todo si son filósofos tradicionales o activistas políticos, no se preocupa en absoluto de lo que digan o dejen de decir los físicos. Para ellos está bien claro qué es la materia: las cosas que se ven y, sobre todo, que tocan.[1]

Según lo dicho, el autor de este ensayo considera que la concepción que tienen este tipo de filósofos a los que hace referencia resulta ser una definición ingenua. Ya que si se acepta que la materia sólo es lo que se ve y se toca o bien lo que está ahí afuera estaríamos aceptando que hay un adentro, es decir, que hay una distinción entre el adentro y el afuera; lo que sería contrario a que sólo hay materia. Según Moulines, se caería en una especie de dualismo entre materia y espíritu.

El segundo punto de Moulines dice que aunque pudiéramos conceder que no hay dualismo tendríamos necesariamente que aceptar que hay una exterioridad independiente, es decir, elementos que se encuentran fuera de uno mismo pero que no necesariamente tendrían que ser materiales. Sugiere muy a la cartesiana, que las paredes y los clavos al ser objetos externos podrían ser espíritus malvados que se encuentran fuera de nosotros.

Moulines hace referencia a otro tipo de materialistas que considera son más refinados que los anteriores a los que llamó ingenuos. Estos  postulan que la materia es lo que está detrás de todo lo que se ve y se toca, es decir, la materia es para ellos un constructo teórico. Así pues, para este grupo la materia está formada por átomos.

Moulines hará una crítica a esta postura, a la cual también tacha de cientificista, que presupone que todas las cosas existentes se encuentran conformadas por átomos. A partir de la cual se puede concluir que no hay diferenciación ontológica entre los objetos y las personas. También en este sentido Moulines objeta la teoría atomista. Para que los átomos se muevan y puedan crear relaciones  es necesario el vacio, lo que obviamente causaría otros problemas ¿es el vacío algo material? A esta interrogante Moulines propone dos opciones: la primera es aceptar que el vacío es también materia. Lo cual chocaría con el sentido o la intuición común. Además de que seguiría sin definirse qué es la materia, haciendo de este concepto una definición muy amplia.

La segunda opción sería que el vacío no es material, lo que supondría entonces que hay entidades que no son materiales pero que se encuentran relacionadas con otras que sí lo son y ayudan a la materia a existir. Lo anterior termina por abrir la puerta —paradójicamente—  a posiciones contrarias al materialismo como la tesis de la existencia de un ente no material que le da sentido o dirección a la materia (e.i. Dios). Una tercera alternativa es la denominada como lingüística, la cual explica que el vacío es sólo un juego de palabras ya que el vacío propiamente no existe por ser vacío. Si aceptamos el vacío como no existente, entonces, estaríamos desacreditando también todos aquellos experimentos que se han llevado a cabo acerca del tema.

El problema para los materialistas se extiende entonces a entidades similares al vacío. Éste no es el único ejemplo de algo existente pero no material, tal es el caso de las ondas electromagnéticas, fotones, ondas de probabilidad, etc. Moulines dice que hay quienes afirman que la energía interna o la gravedad misma pueden considerarse como entidades materiales ya que pertenecen a la visión científica del mundo. Para el filósofo, lo anterior no es un argumento válido ya que no puede definirse la materia como “aquello en cuya existencia cree una comunidad científica en una etapa histórica dada”.[2] El filósofo venezolano dice que si se aceptara lo anterior, entonces el materialismo sería una teoría vacía y sin contenido que además sólo estaría sujeta a la moda científica propia de diferentes momentos históricos.

Siguiendo con los contraejemplos,  Moulines propone como algo hipotético conceder que todo cuanto hay en el mundo (incluyendo los fenómenos físicos como los antes mencionados) puede ser considerado como entidad material. El filósofo venezolano dice que incluso suponiendo lo anterior, habría dos entidades que no pueden ser reducibles a la materia, estas son: el espacio y el tiempo. En este sentido el filósofo considera que la única salida viable a este asunto sería que el espacio-tiempo se confunda con la materia. Aunque el filósofo considera que esta opción resulta más plausible, incluso que la atomista, también está consciente de que esta interpretación geométrica está muy lejos de poder demostrarse.

Por último, Ulises Moulines aclara que, dado que la concepción del materialismo resulta algo sumamente endeble, sería preferible abstenerse de autodenominarse “materialista”. El filósofo aclara que basándose en el texto anterior uno podría pensar en primera instancia él es un anti-materialista, y por ende, uno podría suponer que comulga más bien con el idealismo. A lo cual, él se niega pues dice tener mucho más afinidad con los “materialistas de mente abierta” ya que ellos son anti-religiosos, anti-románticos, anti-místicos, etc. Lo cual considera algo valioso ya que se presenta el materialismo más como una actividad vital que como una mera teoría filosófica.

II

El filósofo Carlos Pereyra publica un texto con el cual intenta replicar el ensayo de Moulines. En éste, busca explicar cómo el filósofo venezolano no se preocupa por distinguir los clásicos problemas que existen entre materialismo e idealismo sino que sólo se enfoca a lo largo del texto a atacar una caricatura que hace del materialismo.

Pereyra hace desde el principio una objeción al texto de Moulines en cuanto a la “super simplificación conceptual” en torno al materialismo que lleva a cabo el filósofo venezolano. Es decir, a lo simple y burdo que resulta sostener que los materialistas son aquellos que creen que “sólo existe la materia”. Así pues, nuestro filósofo dice que ya en aquella época los que se asumían como materialistas no lo hacían en un sentido de orden físico. Lo anterior sólo es explicado como preámbulo, pues considera de suma importancia no quedarse con la falsa idea de que todos los que se asumen como materialistas lo hacen o lo son sólo por pensar que lo único que existe es la materia.

Dicho lo anterior y ante la insistencia que muestra Carlos Pereyra al exponer bajo qué términos los que se autodenominan materialistas lo hacen. Aclara que no es lo mismo adoptar una posición materialista de la historia o hacerlo desde alguna de las ciencias naturales como la física, la química o la biología. Para Pereyra lo central del asunto es dilucidar qué significa adoptar una postura materialista en la explicación de la historia. El filósofo responde que en primer lugar valdría la pena aclarar que el materialismo entendido desde su posición es:

El nombre dado a un grupo de doctrinas concernientes a la realidad en cuanto tal y que parte del reconocimiento de la prioridad de la naturaleza sobre el espíritu, de la materia sobre la conciencia o de lo extramental sobre lo mental.[3]

Con base en lo anterior, Carlos Pereyra busca refutar a Moulines en cuanto a la concepción del materialismo desde una simple visión monolítica. Con base en la cita anterior se muestra otra forma de visualizar el mismo concepto desde una perspectiva completamente opuesta.

Asumirse como materialista según Pereyra quiere decir explicar los estados, sucesos o procesos mentales a partir de una visión extramental o, dicho de otra forma, hacerlo desde la realidad concreta. El materialismo histórico, dice Pereyra, no alude a una doctrina general, a saber, el materialismo ni tampoco su aplicación se da en un caso específico (la historia). El materialismo histórico, según Pereyra,  se enfoca a “la noción de la objetividad o realidad subyacente en la explicación de la vida social y de su desarrollo histórico”.[4]

Carlos Pereyra en su intento por ser crítico e imparcial reconoce que el materialismo en ocasiones tiende a ser ambiguo y poco claro. Sugiere que esto es ocasionado porque generalmente éste es pensado en comparación a doctrinas esquemáticas, lo que provoca que los problemas que se ponen a discusión sean temas secundarios. Por otro lado, señala que, existe la confusión del materialismo con las ideas vulgares del marxismo oficial soviético.

Otra de las cosas que sin duda crean confusión  respecto del materialismo es el hecho de que se piense que éste sólo se basa en el reconocimiento de objetos que existen fuera de nosotros o dicho de otra forma, de objetos fuera de nuestra mente. Engels y Lenin compartían la misma visión en la cual el principal rasgo definitorio de la materia se basaba en su existencia externa y objetiva. Sin embargo, Marx señalaba que,

El defecto capital de todo el materialismo precedente (comprendido el de Feuerbach) consiste en que el objeto, la realidad efectiva, la sensibilidad, sólo se capta bajo la forma del objeto de la intuición;  pero no como actividad humana sensible, como práctica; no subjetivamente.[5]

Con base en lo anterior, a Pereyra le interesa dejar claro, para evitar confusiones, que los materialistas históricos rompen completamente con la visión anterior a Marx que escinde el sujeto del objeto, es decir, queda desechada la teoría de la realidad objetiva como lo meramente material.

El materialismo histórico, nos dice Carlos Pereyra, se sostiene y se fundamenta en las cuestiones de tipo real, es decir, en el conjunto de relaciones que acontecen en la sociedad y no sólo en ideas sobre la misma, o sea, como un mero idealismo. Que dicho sea de paso también genera problemas al igual que el objetivismo (por ejemplo, concebir al sujeto independiente de las relaciones sociales). Al aclarar este punto resulta incomprensible por qué Ulises Moulines pretende que la materia se entienda sólo como un asunto concerniente a las ciencias naturales, de lo que el materialismo histórico habla es de un materialismo que nada tiene que ver con el tipo físico.

Debido a la utilización común de etiquetas como el materialismo a Pereyra le parece importante explicar en qué sentido se habla de materialismo desde la perspectiva marxista. Nuestro filósofo lo explicará a partir de dos cuestiones fundamentales: el problema epistemológico y la cuestión ontológica.

Carlos Pereyra considera que el predominio materialista sirve para explicar la actividad capitalista así como las relaciones que en ella acontecen con todo y las relaciones políticas y de partido que son contrarias al socialismo, aunque también reconoce que el idealismo es mayormente hegemónico y éste debe, dice el autor, ser combatido.

III

Una réplica más aparece en el año de 1979, pero ahora como una contestación por parte de Ulises Moulines a los diversos ensayos publicados como parte de las respuestas suscitadas a su primer texto. En este segundo escrito se dedica a dar respuesta a las cuestiones e inconsistencias que, según varios autores, entre ellos Pereyra, encontraron en su primer texto. Ahora sólo nos referiremos a las que tienen que ver con éste filósofo.

Como primer punto Moulines dice que no hay una verdadera diferencia entre materialismo “lego” y materialismo filosófico. Pues, según el autor, lo único que podría hacer un filósofo a este respecto es tratar de sistematizar y elucidar las ideas de lo que él llama las concepciones del “vulgo no-filosófico”, lo que según Moulines daría como resultado algo completamente contrario.

En segundo lugar, el filósofo está convencido de que debe haber un hilo conductor entre aquellos que se autodenominan materialistas. Ya sea que lo admita algún filósofo que es “profesional en el análisis filosófico” o alguien que seguramente asume que todo cuanto existe es materia. Sin embargo, para el autor, es justamente esto lo que podríamos decir que es el hilo conductor del que habla, es decir, que todo es materia.

Moulines objeta a Pereyra que en el segundo caso no se da una relación entre la materia y el materialismo. Moulines dice que extrapolar ambos conceptos sólo podría aceptarse como un juego lingüístico y no más.

Otro punto objetado por el filósofo venezolano a Pereyra tiene que ver con el hecho de que el segundo acepte como materialismo genuino aquél que intenta explicar la cuestión referente al problema mente-cuerpo, ya que para Moulines esto sólo perpetúa la confusión.

Moulines se desentiende del planteamiento del materialismo histórico hecho por Pereyra ya que según él, éste se refiere a materialismo como una pequeña parcela de la realidad (psicológica o económica) contrario a lo que según hace él, que es hablar de materia como una ontología general. Por otro lado Moulines cuestiona que Pereyra nunca haya fijado una postura acerca de lo que entendía por materia o lo material. Aquí termina esta controversia.

 IV

En primer lugar, considero que Moulines parte de una definición específica del materialismo para criticarlo, es decir, sostiene que es una doctrina la cual supone que todo cuanto hay en la realidad es material. Por otro lado, Pereyra sostiene una postura inicial del materialismo según la cual, hay una preeminencia de la naturaleza sobre el espíritu. De forma más específica, en el materialismo histórico esto se expresa con el simple hecho de que son las condiciones reales las que determinan a la historia, es decir, que el materialismo histórico se encuentra enraizado en una tradición filosófica en la que se disputa sobre si es la conciencia, el espíritu, (instancia sobrenatural) o la naturaleza misma (condiciones materiales) las que encausan el sentido de las sociedades.

En los dos ensayos que intenté exponer brevemente es claro que al hablar de materialismo desde cualquier sentido, habrá personas que se sientan aludidas si se autodenominan materialistas; como fue el caso de Pereyra a partir de la publicación del texto de Ulises Moulines. Menciono esto justamente porque después de la réplica que le hace Carlos Pereyra al filósofo venezolano, éste se desentiende y minimiza el texto de Pereyra al considerar que cuando él habla de materia y materialismo nunca lo hace refiriéndose de ninguna manera a un sentido específico (por ejemplo haciendo alusión al materialismo histórico) sino más bien se refería al materialismo como “ontología general”. Lo anterior sin duda es falso, ya que la crítica de Moulines también iba dirigida hacia los materialistas históricos, pues, él mismo dice que hay materialistas que son activistas políticos y hace referencia a Lenin.

Me parece que la definición dada por Moulines resulta a todas luces simplista ya que, aunque en la réplica que lleva a cabo hacia algunos filósofos dice que éstos no dan razón de la materia desde el mero sentido fisicalista. A mi parecer sí lo hace, ya que en todo el texto el filósofo busca dar una explicación respecto a lo que es la materia, y por ende, qué cosa sería asumirse como materialista desde una visión muy particular: la de la física. Lo que ya de entrada crea un problema que tiene que ver con aceptar que sólo la ciencia (específicamente los físicos) tenga la autoridad para hablar de este concepto, aunque éste sea utilizado también en otras disciplinas diferentes, por ejemplo, la historia.

Creo que en este sentido es pertinente la distinción que hace Pereyra al explicar que el materialismo histórico no es en ninguna forma algo que tenga que ver con la explicación material dada por las ciencias naturales. Este materialismo se refiere específicamente a aceptar el predominio de la materia, entendida como hechos que acontecen en la realidad, que tienen que ver con las relaciones sociales que se dan en ella. Sin embargo, algo que se le podría conceder a Moulines es el hecho de que hay poca claridad respecto de lo que entiende Pereyra por materia, ya que, no lo aclara a lo largo de su texto.

Uno de los aciertos más importantes de Pereyra es dejar claro en qué sentido es que hay personas que se asumen como materialistas históricos. Aclara que esto tiene que ver con una oposición hacia el idealismo que sostiene que la historia está determinada por el espíritu, la conciencia o alguna cosa sobrenatural. Posición que se deslinada de la Ideología alemana por parte de Marx y Engels con respecto al movimiento neohegeliano y al materialismo anterior a Marx. Así, pues, los materialistas históricos son los que sostienen que son las condiciones reales y materiales las que direccionan la historia y no una instancia supraterrenal.

Una de las cuestiones que sin duda resulta incompleta para dar cuenta de lo que el materialista histórico pretende sostener, es que a éste se le ha visto vinculado a la tesis de la objetividad como externa al sujeto, eliminando un elemento que me parece de suma importancia y el cual Marx notó inmediatamente. Esto es, que ya no hay una distinción entre el sujeto y el objeto sino más bien se elimina la dicotomía para postular  la praxis como el motor de la historia. Para Marx el hombre conoce a través de la transformación consciente del mundo, y a la vez, él mismo sigue siendo mundo. Son insostenibles ambos intentos, tanto el materialismo tradicional en su intento por pretender la supremacía de la objetividad externa así como el idealismo, ya que ambos parten de la noción de objetividad derivada de la concepción dualista.

Para Moulines, desde la visión de las ciencias naturales  es necesario conocer la cosa y poder dar cuenta de ella para decir qué es y en qué sentido se supone que el término materialista proviene de la materia. Pero ésta no se conoce aún, entonces, no puede hablarse del asunto.

El debate resulta muy productivo para el materialismo histórico, pues sirve como revisión a sus propios planteamientos. Como sea, no dejan de tener gran importancia ambos pensadores y sus reflexiones siguen siendo muy pertinentes para el trabajo filosófico de nuestro tiempo.

Bibliografía.

- Marx, Karl, Thesen über Feuerbach/Tesis sobre Feuerbach, Prólogo y versión bilingüe de Carlos Bendaña, Félix Burgos Editor, Bogotá, 1981, pp. 76-83.

- Moulines, C. Ulises, “Por qué no soy materialista” en revista Crítica, no. 26, México D. F., 1977, pp. 25-37.

- Moulines, C. Ulises, “Las tribulaciones del materialismo: respuesta a mis críticos” en revista Crítica, no. 33, México D. F., 1979, pp. 87-118.

- Pereyra, Carlos, “Acerca del materialismo” en Filosofía, historia y política. Ensayos filosóficos (1974-1988), Compilación de Gustavo Ortiz Millán y Corina Yturbe, prólogo de Ludolfo Paramio, FCE/UNAM, México D. F., 2010, pp. 221-232.


Referencias    (↵ returns to text)
  1. Ulises Moulines, “Por qué no soy materialista” en revista Crítica, no. 26, p. 26.
  2.  Ibíd., p. 31.
  3.  Carlos Pereyra, “Acerca del materialismo” en Filosofía, historia y política. Ensayos filosóficos (1974-1988), p. 222.
  4.  Ibíd., p. 223.
  5.  Karl Marx, Thesen über Feuerbach/Tesis sobre Feuerbach, p. 77.