Pico Della Mirandola y la filosofía como experiencia creativa

¿Puede hablarse de una esencia no determinada? ¿Puede concebirse a la del hombre como una de este tipo? ¿La belleza del discurso está en detrimento de la verdad que profiere? Estas son sólo algunas de las preguntas directrices en este texto sobre Pico Della Mirandola a cargo de Rocío Muñoz. A través de un análisis de la Carta a Hermolao Bárbaro, texto poco conocido del humanista italiano, nuestra autora trata de vislumbrar una posible teolología ética en Della Mirandola y la contrapone a la labor, tan en boga en la época, del retórico. A través de la renovación de un problema clásico (el del filósofo versus el retórico; el pensamiento verdadero contra la mentira embelesada), se atisban posibles interpretaciones de la experiencia filosófica. El eje rector de las propuestas: la creatividad y la libertad.
Ver y descargar PDF
Alumno: Rocío Muñoz Peralta
Colegio de Filosofía
Materia: Textos Filosóficos IV
Profesor: Lic. Rafael Ángel Gómez Choreño

Resumen

¿Puede hablarse de una esencia no determinada? ¿Puede concebirse a la del hombre como una de este tipo? ¿La belleza del discurso está en detrimento de la verdad que profiere? Estas son sólo algunas de las preguntas directrices en este texto sobre Pico Della Mirandola a cargo de Rocío Muñoz. A través de un análisis de la Carta a Hermolao Bárbaro, texto poco conocido del humanista italiano, nuestra autora trata de vislumbrar una posible teolología ética en Della Mirandola y la contrapone a la labor, tan en boga en la época, del retórico. A través de la renovación de un problema clásico (el del filósofo versus el retórico; el pensamiento verdadero contra la mentira embelesada), se atisban posibles interpretaciones de la experiencia filosófica. El eje rector de las propuestas: la creatividad y la libertad.

Texto

¡Oh suma libertad de Dios padre,
oh suma y admirable suerte del hombre
al cual le ha sido concedido obtener lo que desee,
ser lo que quiera![1]
―Giovanni Pico Della Mirandola―

Giovanni Pico Della Mirandola (1463-1494), figura renacentista de gran distinción en el cultivo de la filosofía, marca las pautas respecto de uno de los temas de mayor envergadura a lo largo de la historia del pensamiento occidental: el hombre. El acercamiento más conocido que Pico hace a dicho tema es la introducción de su magna obra 900 conclusiones filosóficas, cabalísticas y teológicas en todo genero de saberes (1486). Esta introducción, conocida actualmente como Oratio de hominis dignitate (Discurso sobre la dignidad del hombre), da cuenta de la potencialidad que posee el ser humano de ser todas las cosas en tanto que criatura divina hecha a imagen y semejanza de su creador; es decir, racional y libre. Pone en cuestión no sólo la predestinación natural[2], sino también cualquier determinación esencialista del hombre[3], puesto que se atreve a confrontar los linderos de la tradición religiosa hegemónica de la época. [4]

El hombre –en tanto potencialidad libre– puede actualizarse como su razón le de a entender. Sin embargo, Pico nos deja ver como el hombre, al no tener una imagen fija o establecida, ha de tener una finalidad como “criatura pensante”: el cumplimiento del ideal manifestado en su Discurso: el perfeccionamiento del hombre. Perfeccionamiento que expresado en la figura del filósofo, cumple a cabalidad la manifestación de una esencia de la humanidad. [5] Para Pico, la figura del filósofo como hombre libre es central en el estudio de temas de fundamental trascendencia como el conocimiento de la verdad y el cultivo de una ética propia del alma. Con esto se puede preludiar que, para Pico, el filósofo no sólo es un agente que realiza una actividad especulativa[6] meramente encaminada a la contemplación teórica, sino que también realiza una actividad experiencial y creativa[7] en tanto que creador de un ética (actividad práctica que repercute desde el ser individual hasta la sociedad donde se encuentra). Así, el filósofo ha de ser un actor en sentido figurado. Pero, ¿qué tipo de actor?, ¿con qué herramientas?, ¿a través de qué criterios?

Uno de sus textos de correspondencia menos conocido, llamado Carta a Hermolao Bárbaro, nos presenta un acercamiento a la figura del filósofo desde su actividad creativa en contraposición a una de las figuras más importantes de su época, que es la del humanista[8], ya sea retorico o gramático.[9] Dicha Carta, es la respuesta que el conde de la Concordia le escribe a su maestro, el gramático Hermolao Bárbaro; en ella nos presenta, grosso modo, una defensa de aquellos filósofos que, ventajosamente, Hermolao se ha encargado de calificar como “filósofos barbaros”: Tomás de Aquino, Juan Escoto, Alberto y Averroes.[10] Hermolao atribuye este calificativo no a todos los filósofos, ya que sólo puede pensar como tales a aquellos que, por no poner atención en el ornato y elocuencia[11] de su lenguaje, deprecian en demasía la calidad de su oratoria o, más aún, la disposición de su temática.

Así, referente a su carta anterior, Pico nos presenta la postura de Hermolao:

[…] en tu última epístola a mí, en la que, arremetiendo contra los bárbaros filósofos, los pones, en el aprecio del vulgo, de sórdidos, rudos, incultos, que ni viven en vida ni después de muertos viven; y si ahora viven es para pena y escarnio. [12]

En oposición a esto, Pico, al no tomar precisamente partido en contra de los gramáticos, se da a la tarea de defender el estilo poco elocuente que utilizan los filósofos bárbaros en su actividad. Ya que el objetivo de su oficio no se reduce al cuidado de la belleza del lenguaje, sino que va más allá, a la búsqueda de cosas menos triviales y más fundamentales en la vida del ser humano. “Fuimos famosos en vida ¡oh Hermolao! y vivimos en los círculos de los filósofos, donde se trata y se disputa de las cosas humanas y divinas”. [13]

La discusión, que a simple vista podría parecer muy escueta, no deja de esbozarnos las posibles respuestas a las preguntas acerca del filósofo como agente creador en tanto que criatura libre. A su vez, nos presenta la actividad de este filósofo muy alejada de la de los gramáticos o políticos, así como de todos aquellos que de no poner atención en la importancia de la creación de una ética y se conduzcan por caminos equivocados del ideal de hombre pisciano.

Dicho lo anterior, Pico arranca con la reconstrucción de una auto-defensa de aquellos filósofos bárbaros poco elocuentes de la manera menos bárbara posible. La defensa, que Pico se preocupa por cuidar de manera puntual, presenta como testigos a los elementos que justamente los inculpan como bárbaros (sus creaciones discursivas).

El discurso,[14] que podría ser tomado como tema central de la carta, no es más que el punto de partida desde donde el filósofo comienza su labor de búsqueda de los que debieran ser los temas centrales para un investigador de la verdad. A su vez, utiliza a éste como elemento importantísimo para su auto-defensa. No es casualidad que el discurso tenga un lugar ejemplar en esta defensa, pues, tanto retóricos como filósofos, se dedican al cultivo de él.

Por otro lado, la elocuencia, entendida como ornamentación lingüística, es el elemento de discordia desde el que Hermolao arremete contra los bárbaros por su carencia de ella en la escritura. Pico no se conforma con que se pueda evaluar la calidad o el valor de un discurso en la medida en que tenga un estilo pomposo y elocuente. A decir verdad, podría ser que para Pico el valor de un discurso se encuentre en la coexistencia armónica de elocuencia y verdad.[15]

“Sin duda no a todos les cae bien el mismo aire”, [16] ya que no es la misma intención la del retorico que la del filósofo cuando de crear discursos se trata. De esta forma podemos ver desarrollados dos perfiles que apuntan a finalidades opuestas: la búsqueda de la verdad y la búsqueda de la belleza del lenguaje. La búsqueda de la verdad, que es la actividad primigenia del filósofo es, pues, el criterio por el cual pueden ser medidas todas las acciones de éste. Mientras que el oficio del retórico, al poner énfasis en la belleza del lenguaje, no le importa poner en juego la verdad del discurso.

Como bien lo señala Pico, hay un problema en poner tanto énfasis en la forma de un discurso como lo hace el retorico, el político y el poeta: el mentir o engañar van de la mano con el uso de un lenguaje florido, ya que no toda la verdad es bella. La verdad puede tener matices y muchos de ellos llegan a una intensidad poco agradable para los corazones menos dispuestos, apareciendo como los silenos de Alcibíades: con rostro horripilante triste y vil. Los filósofos en cambio admiten la dureza de la verdad ya sea agraciada o fea; tan dispuestos están para desentrañarla que su oficio no admite la ofensa de mudar ajenjo por dulce néctar.

Todo se debe a que el filósofo se ocupa de la sabiduría del corazón. Ésta muestra que, lo que atañe a la vida de aquél que se quiera afirmar como hombre, lo ha de hacer a través de la búsqueda de la verdad por medio de una vía especulativa y por medio de una vía experiencial, ya que al discurso, en mayor medida, está respaldado por la vida del orador que lo pronuncia. Idea que viene haciendo eco desde el Orator [17] de Cicerón.

En un discurso no sólo se cifra el pensamiento a través de la palabra, habrá que tener incluso en cuenta el pensamiento que se escapa de ella y que sólo se percibe por los sentidos, también se manifiesta en la vida en unidad con el pensamiento. ¿Cómo no se va a alejar el retórico del pensamiento, si el retórico, con tal de hacer que la elocuencia de su palabra se imponga, que el ritmo de discurso se siga, que la magia de sus figuras encante, es capaz de convertir lo verdadero en un artificio falaz, dejando así al público como el director por antonomasia de su discurso? El retórico deja que la palabra aparezca como quiere quien la escucha. La mentira es la principal característica de este discurso, que se avala a través del consenso equivoco, pues no es criterio la verdad, sino la verdad disfrazada que es más cómoda para quien la recibe. Tal vez por ello, Pico se da cuenta de que juntar la verdad con la elocuencia puede ser un crimen, en tanto que la justicia se oculta por medio de la mentira de la elocuencia.[18] La agresión directa a la justicia o a la verdad es un crimen en este sentido.

El filósofo cree que la verdad no necesita de ornamentos para ser sacada a la luz. Según Pico, cuando se trata de adornar la verdad, el discurso pronunciado pierde importancia para el filósofo; es más relevante para la ciudad un discurso de este estilo. La ciudad, en tanto institución que se encarga de legitimar y legislar que es lo acorde con la ley, que es lo admisible e inadmisible, lo bueno y lo malo, trata de legitimar algún tipo de verdad a través de la persuasión de los ciudadanos por medio de un discurso bien ornamentado. Y por lo regular, la verdad que se legitima por medio de un discurso público, viene acompañada de una concepción muy equivocada de ésta: presentan una verdad cómoda, bella, que guste al sentido común, para ser admitida por la mayoría. Por ello Pico señala que la importancia de la verdad, por más áspera y fea que sea, no debe ser ocultada por medio de un lenguaje elocuente y tampoco presentada a todos, sino sólo a quienes tengan presente la justicia como regla conductora en su actuar.

Ya alguna vez Heráclito hablaba de los dormidos y los despiertos,[19] haciendo patente aquello que ha venido a ser uno de los elementos que promueven el elitismo[20] de la actividad filosófica. En mayor medida, este elitismo que ya se percibe desde los orígenes del oficio, puede deberse a la impresión que causa la verdad, ¿Quién puede estar preparado para ella?

Pico, sagazmente, nos muestra que la verdad no es bella del todo, tiene matices, es bello el querer ser conocedor o poseedor de ella, pero no es bello el camino que nos ha de conducir a su consecución, y posiblemente mucho menos bello el darse cuenta de que es de difícil acceso. Pues la filosofía no está en la verdad, sino en la forma de relacionarnos con ella.

En la época del Renacimiento reinaba una premisa: el desarrollo progresivo del hombre vía el conocimiento, vía el cultivo de los studia humanitatis. De ahí que los profesionales de muchas ramas del saber, ya sea abogados, filósofos, retóricos, gramáticos o teólogos, tuvieron un conocimiento en común, podría decir que hablaban el mismo lenguaje. Pico se da cuenta que, por este motivo, no puede hablar con el público en general de la actividad del filósofo, sólo ha de tener una discusión ferviente con aquellos que hablan y entienden de sus mismos temas, aquellos que han sido formados con los mismos estudios y que pueden ser capaces de efectuar una labor exegética de los textos antiguos (fuente fecunda de sabiduría y camino hacia la verdad). Así como los filósofos bárbaros declaraban: “no escribimos para el vulgo, sino para ti y para los semejantes a ti”. [21]

Empero, no es del todo cierto esta afirmación, puesto que no es la única condición para entablar el diálogo pues el retórico, a pesar de tener información de los mismos saberes, no puede entrar en la dinámica del discurso propio del filósofo. Al parecer el rango es aún menor.[22] Ni mucho menos es de esperarse que el filósofo pueda pretender dictar un discurso al pueblo, ya que de éste no se espera que lo apruebe si ni siquiera lo entiende. Para Pico, entonces, existen diferencias entre el asunto público y el privado en relación a la verdad y al tipo de discurso en que ésta se ha de desarrollar. Distinto es el asunto de la República que el de la Academia; para el pueblo, y en primer lugar para el político, ambos pertenecientes a la primera, tiene más peso el bienestar social que se lleva a refrendo popular sin importar si se actúa con injusticia. La ley del civil es acorde a un tipo de gobierno en mayor medida no coherente con la verdad, importan más las flores que los frutos. La ley del filósofo no es la misma que la del político, por ello es que el trabajo filosófico es excluyente, es un misterio, y quien quiera tener acceso a él tendrá que descifrarlo. Las condiciones: inteligencia y forma de vida.

El filósofo tiene un oficio que lo conduce a un objetivo áspero, pero importantísimo en la vida del hombre. El salir de la miseria en la cual cayó cuando fue arrojado al mundo a través de su libertad, es lo que le permite ser piedra o ser un hombre que afirma su dignidad. El ideal del perfeccionamiento del hombre, su armonización para ascender en la jerarquía de los entes, la afirmación, entonces, de una esencia digna. El filósofo es un creador puesto que investiga la verdad, la armonía del mundo, y posteriormente trata de asemejarse a ella. A causa de, no se fija tanto en la forma como en el contenido del discurso. Hay una creatividad, tanto intelectual como experiencial, al tratar de buscar una verdad que no necesariamente tiene un público, y mucho menos un lenguaje.

Y si el objetivo final es buscar una verdad, ¿por qué afirmar la superioridad de una lengua sobre otra para expresar aquello que muchas veces se escapa de la misma? No hay buen argumento en tus palabras, dice Pico a Hermolao, no es suficiente clamar por el latín romanamente dicho para afirmarlo como lengua primaria. Ni por ningún otro idioma, ya que las palabras expresan arbitrariamente aquello a que están nombrando. Y si se trata de indagar la naturaleza de las cosas y su relación con la propiedad de los nombres, de ello se ha de encargar el filósofo y, justo, lo que hicieron aquellos bárbaros. Quizá con esto sacaron a la luz los sonidos menos favorecedores al oído, pero más admisibles a la razón.

Estos sonidos que Pico atisba, y que no desarrolla a profundidad, dan cuenta de la armonía de la verdad que Pico admite como única forma de lenguaje propia del filósofo. Si es admisible este lenguaje, entonces la armonía se tiene que hablar con el lenguaje que mejor sabe escucharla: el lenguaje del alma, que es primariamente expresado en la palabra escrita para que después de un proceso de exegesis (del texto escrito) el lector se conduzca a un nivel inefable de sentido. Asimismo, se puede ver como Pico abandona el lugar del discurso. Ya no podemos hablar únicamente de la palabra escrita, pues el pensamiento la abandona y, al no poder ser encasillado en la frialdad del concepto, se expresa de otras formas por medio de un lenguaje distinto que tiene que ver más con un ámbito sensorial que intelectual.

Luego, hay dos medios para relacionarse con la verdad: el discurso y el pensamiento. Hermolao se conforma con el primero, Pico va a un rango más amplio de la significación que incluye lo discursivo pero no se agota ahí.

El filósofo tiene que hacer uso del lenguaje para dotar de significado. Este trabajo es una actividad de significación del discurso, de las cosas y de la misma verdad. El discurso adquiere significado, no sólo a través de la palabra, sino por medio de la acción del filósofo, de su vida, de su bondad. He aquí lo que lo respalda: su bondad, su verdad y su forma de hablar, su concisión de estilo. Finalmente la unidad del pensamiento, con la creencia y la acción; atisbos del orador perfecto.

El orador perfecto implica una imitación perfecta o una unidad perfecta: ideal del hombre. Cumple una función creadora y formadora de sociedad y cultura presentes. Su creación no es teológica, sino artística y es transformadora de realidades; ya que el orador perfecto produce valores a través de la crítica de la civilización, de la verdad presente y del pensamiento.

La crítica actualiza la verdad, la hace presente, pues el pasado es un creador de fantasmas. Si no se actualiza la verdad el discurso puede crear fantasmagorías como las de Lucrecio, quien afirmaba que dios es corpóreo. De igual forma, si no se actualiza el pensamiento la fidelidad de éste con la voluntad y la acción se pone en riesgo.[23]

Para Pico la filosofía no es pasividad, sino que es una forma de actuar; llegar hasta la acción sólo se logra a través de la memoria. La memoria es la actividad de la mente que necesita unidad consigo misma para ser actora, la memoria actualiza el tiempo, lo hace presente a través de la acción, en la palabra, no cayendo en la creación de fantasmas… En la vida actuando acorde al pensamiento, en el pensamiento apegándose a la verdad.

En resumen, el filósofo es un actor en tanto que crea a través de discursos bien conducidos por la razón, que escucha las armonías de la verdad por medio de un camino de exégesis dialéctica, a nivel textual, y a nivel vivencial. Éste último, criterio por el cual se guía la actividad ética del filósofo, desde su interior hasta repercutir de manera gradual en sus semejantes. La filosofía es una experiencia creativa en tanto que su finalidad es la poiesis de una esencia que no se determino al momento de la creación de hombre. La esencia es la afirmación de una dignidad que sólo puede ser elegida por aquel que es libre: el ser humano.

Tal esencia no es más que la expresión del buen hombre, del hombre virtuoso, que al crear su propia armonía desarrolla concordia con el universo. La crítica es su principal actividad, me refiero a la crítica que despierta conciencias o que pone la semilla de la libertad. Su actividad, expresada por medio de sus discursos, son sus herramientas y su vida, como hombre prudente y libre, el mejor respaldo para un discurso de la verdad. Nos dice Pico:

[…] estas son las cosas que acreditarán al filósofo; si fuere bueno, si veraz, si aplicado a un género de decir tal que no fluya el estilo del jardín de las Musas, sino del tenebroso antro en el que dijo Heráclito esconderse la verdad.[24]

De esta forma, la filosofía es el oficio que se entiende como experiencia creativa de una forma de vida y de una civilización; así se cumple el ser hombre, el ser virtuoso. Finalmente, Giovanni Pico Della Mirandola se confirma como digno representante de su idea de filosofía:

Al menos se me concederá, al menos no enrojeceré cuando sea elogiado por ello, que nunca he filosofado sino por el amor a la pura filosofía; ni he esperado ni he buscado nunca en mis estudios y en mis meditaciones ninguna merced ni ningún fruto que no fuese la formación de mi alma y el conocimiento de la verdad, por mi supremamente ansiada.[25]

 

Bibliografía

Annunziata Rossi, Ensayos sobre el Renacimiento Italiano, México, UNAM, 2002.

Cicerón, Marco Tulio, El orador perfecto, Introducción, trad. y notas por Bulmaro Reyes Coria, México, UNAM, 1999.

Heráclito, “Fragmento I” en De Héraclito discurso acerca de la naturaleza (fragmentos), Texto griego y nueva nota al español de Henrique Hülsz, México, 2004.

Kristeller, Paul Osar, Ocho filósofos del Renacimiento, FCE, México, 1970.

————————–, El pensamiento Renacentista y sus fuentes, compilador Michael Mooney, México, FCE, 1982.

Pico Della Mirandola, Giovanni. De la dignidad del hombre. Con dos apéndices: Carta a Hermolao Bárbaro y Del ente y el uno. Edición, introducción, trad. y notas por Luis Martínez Gómez. Madrid, Editora Nacional (Biblioteca de la literatura y el pensamiento universales, 57), 1984.

————————–, Discurso sobre la dignidad del hombre, presentación de Carlos Llano Cifuentes, UNAM, México, 2004.

Priani Saiso, Ernesto, “La cuestión del télos de la vida moral en Pico della Mirandola”, en Rico, Francisco, El sueño del humanismo. De Petrarca a Erasmo, Madrid, Alianza Universidad, 1997.


Referencias    (↵ returns to text)
  1.  Giovanni Pico Della Mirandola, Discurso sobre la dignidad del hombre, Presentación de Carlos Llano Cifuentes, México, UNAM, 2004, p.15
  2.  CfIbíd., p. 11-19
  3.  Al respecto de la esencia determinada e indeterminada en Pico, véase artículo de Ernesto Priani, “La cuestión del télos de la vida moral en Pico della Mirandola”, en Rico, Francisco, El sueño del humanismo. De Petrarca a Erasmo, Madrid, Alianza Universidad, 1997.
  4.  Pico trata de conciliar posturas variadas de pensamiento filosófico y teológico admitiendo que hay algo de verdad en cada una de ellas, empresa que lleva a cabo en sus 900 tesis. Hecho que para la tradición de la iglesia católica no era admisible, ya que defendía la idea de una fe universal que es la verdad revelada admitida por su tradición. Al respecto: “Cuando una comisión papal descubrió que algunas de sus 900 tesis eran heréticas o capaces de aceptar una interpretación herética, el papa Inocencio VIII las condenó y prohibió que se les argumentara”. Paul Osar Kristeller, El pensamiento Renacentista y sus fuentes, compilador Michael Mooney, México, FCE, 1982, p.236
  5.  Esta esencia propia de la humanidad, que es el ideal del hombre, es la lectura que hago de la posible finalidad ética que tenía contemplada Pico en su proyecto práctico. Una ética que si bien no tiene un fin o esencia predeterminada, apunta a una finalidad como esencia en constante renovación, es decir, móvil, a través de un camino dialéctico. Pico nos deja ver que la ascensión en la escala de los entes, vía la dialéctica, puede conducirnos necesariamente a una esencia ideal, unidad esencial, que es la del hombre virtuoso, el filósofo. Cf. Ibíd., p. 16-17
  6.  Es importante tener en cuenta la renovación de sentido de las actividades intelectuales que se da en esta época, reivindicación frente a la hegemonía de las actividades prácticas las cuales comienzan a cobrar mayor importancia dentro del campo de las actividades intelectuales. Al respecto véase la idea en “La filosofía del Humanismo Renacentista” en Annunziata Rossi, Ensayos sobre el Renacimiento Italiano, México, UNAM, 2002.
  7.  La actividad experiencial habla en mayor medida de los datos inmediatos que obtenemos a través de nuestros sentidos, en este caso, puede ser entendida como el padecer del acontecimiento de lo vivido, en tanto que éste deja una impresión que crea conciencia. La actividad creativa puede ser entendida como la producción de realidades (pero no la creadora de existencias) donde confluyen ya no sólo la actividad experiencial, sino la actividad intelectual o racional del sujeto. En esta medida la actividad especulativa, que es mayoritariamente teórica, encuentra su sentido y función en unidad con las anteriores, formando de este modo el motor de la acción filosofía.
  8.  “El movimiento humanista no surgió en el campo de los estudios filosóficos o científicos, sino en aquel de los gramáticos y retóricos. Los humanistas reclamaban más espacios para su campo de estudio de manera profesional y en sus universidades. Esta tendencia en el campo de los estudios gramaticales y retóricos termino por afectar otras ramas de aprendizaje, aunque sin desplazarlas. Pasada la primera mitad del siglo XV tenemos un número creciente de juristas, médicos, matemáticos, filósofos y teólogos profesionales que cultivaron los estudios humanísticos junto con sus campos de estudios especializados. Las cursivas son mías. Paul Osar Kristeller, El pensamiento Renacentista y sus fuentes, p. 124-125
  9.  El oficio del retórico, aunque no es del todo comparable con el del gramático, tiene su punto de encuentro en la forma de presentar el lenguaje dentro de la producción discursiva, ya sea pública o no, y que atañe a una actividad que se proponía tan sólo “el hablar bien, de acuerdo con sus gustos y con la ocasión”  .Op. cit. p. 131
  10.  Cf. Giovanni Pico Della Mirandola, “Carta a Hermolao Bárbaro” en De la dignidad del hombre, p.144
  11.  Hermolao critica la escritura y el habla toscos de los filósofos bárbaros tal vez no por falta de elocuencia, sino porque dicha elocuencia no esta sujeta a las reglas de composición latinas.
  12.  Ibíd., p.144
  13.  Op. cit. p. 144-145
  14.  El discurso, como uno de tantos tipos de producción literaria, fue desarrollado por los medievales (y no sólo por ellos, ya que a lo largo de la historia de la humanidad no hay ausencia de aquellos) pasando la tradición a los humanistas renacentistas, bajo una reglamentación de estilo acorde a su gusto y a sus normas clásicas. Los discursos se han cultivado en variedad de formas: discursos académicos, discursos políticos, discursos para bodas y funerales, discursos decorativos, discursos jurídicos, etcétera. Acerca de los discurso y la relación con los humanistas renacentistas, Paul Oskar Kristeller dice: “difícilmente habrán inventado los humanistas alguno de estos tipos de discursos; simplemente se limitaron a aplicar sus normas de estilo y de elegancia a una forma de expresión literaria ya existente, satisfaciendo con ello una necesidad, tanto práctica como artística, de la sociedad de su tiempo”. Paul Osar Kristeller, El pensamiento Renacentista y sus fuentes, p. 131
  15.  Empero, dicha conciliación puede poner en riesgo el proyecto ético que aquí astisbamos (si es que se puede hablar propiamente de un proyecto) dentro de los pocos escritos de Pico que tenemos a nuestro alcance.
  16.  Giovanni Pico Della Mirandola, “Carta a Hermolao Barbaro” en De la dignidad del hombre, p.146
  17.  “Pues a menudo los incapaces de hablar, por la dignidad de su acción se han llevado el fruto de la elocuencia, y se ha pensado que muchos disertos, por la deformidad de su actuar, son incapaces de hablar; así, ya Demóstenes había atribuido, no sin causa, los primeros y los segundos y los terceros lugares a la acción; si, pues, la elocuencia es nula sin ésta, pero ésta sin elocuencia es tan grande, ciertamente puede muchísimo en el decir”. Marco Tulio Cicerón, El orador perfecto, Introducción, trad. y notas por Bulmaro Reyes Coria, México, UNAM, 1999, p.17; véase la misma idea passim Marco Tulio Cicerón, “De inuentione” y “De oratore”.
  18.  Es pertinente diferenciar que no es lo mismo ocultar la verdad con el mero ornato del lenguaje, tratando de hacer que la verdad aparezca como bella (disfrazándola para que sea admitida por las mayorías); que hacerlo tras un lenguaje cifrado que oculta la verdad únicamente para aquellos que quieren tener un fácil acceso a ella y que no se esfuerzan por medio de una vía dialéctica, que además sirva de entrenamiento para el lector amante de la sabiduría. Este último tipo de ocultamiento conlleva una finalidad ética, mientras que el otro sacrifica cualquier télos ético. Asimismo, al tener una finalidad ético-dialéctica, lo que tiene mayor preminencia es la forma de relacionarnos con la verdad y no el llegar a ella, pues se cancelaria la indeterminación esencial del hombre y la posibilidad creadora del mismo. Por otro lado, al admitir seudoverdades, puede que se llegue a una verdad dogmática, falaz, que no atiende la labor ética del individuo.
  19.  Cuando menos, al comenzar su [escrito] De la naturaleza, dice el mencionado varón (sc. Heráclito), indicando de cierto modo lo circundante: Del logos, aunque este es el mismo siempre, los hombres se tornan incapaces de comprensión, antes de escucharlo como después de haberlo escuchado por primera vez. Pues sucediendo todas las cosas según este logos, parecen inexpertos experimentando palabras y hechos tales como los que yo expongo, analizando cada cosa según su naturaleza y mostrándola tal como es. A los demás hombres, en cambio, les pasan inadvertidas cuantas cosas hacen despiertos, igual que cuantas descuidan dormidos. Cf. (Sexto Empírico, Adv. Math., VII, 132). Heráclito, “Fragmento I” en De Héraclito discurso acerca de la naturaleza (fragmentos), Texto griego y nueva nota al español de Henrique Hülsz, México, 2004, p.3; Cf. Ibíd., fragmentos 19, 26,34, 55, 73, 75, 88, 89
  20.  Entiéndase esta palabra no sólo desde su sentido peyorativo, sino como exclusión.
  21.  Op. cit. p. 148
  22.  Pues hasta sus semejantes en saberes no tenían como premisa la búsqueda de la verdad, sino intereses ajenos a ella: “(…) contra los filósofos de nuestro tiempo porque no se han establecido premios y recompensas para los filósofos; ¡como si con este aserto no mostraran no ser filósofos! Toda su vida, en efecto, estando puesta al servicio del lucro y de la ambición, no abrazan el conocimiento de la verdad por sí misma”. Giovanni Pico Della Mirandola, Discurso sobre la dignidad del hombre, p. 36-37
  23.  Como ya se mencionó, la actividad filosófica está guiada por un método dialéctico que ayuda al hombre, en un nivel interior, a actualizar el pensamiento para que no corra el riesgo de quedarse en la estaticidad del dogmatismo y la aparente verdad.
  24.  Op. cit, p. 151
  25.  Op. cit, p. 37