Enseñar filosofía en México

En un ambicioso texto, la alumna Marina Gómez-Robledo se pregunta por la importancia de la educación filosófica en el país y condena su reclusión al ámbito estrictamente académico. A través de su experiencia personal, la autora intenta mostrar la relevancia del saber y quehacer filosófico en una sociedad como la mexicana. A juicio de la autora y de la mano de Karl Jaspers, se nos propone una concepción de la filosofía que amplifique sus campos de acción y tenga cabida en instancias tanto privadas como gubernamentales; se cuestionan además los cánones de enseñanza académica. En un somero pero incisivo y polémico acercamiento, Marina Gómez Robledo se replantea la posibilidad de una filosofía mexicana y cuestiona su originalidad para esbozar si es posible su enseñanza.
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Alumno: Marina Gómez-Robledo Ramos
Colegio de Filosofía
Materia: Enseñanza de la Filosofía
Profesor: Alfonso Vázquez

Resumen

En un ambicioso texto, la alumna Marina Gómez-Robledo se pregunta por la importancia de la educación filosófica en el país y condena su reclusión al ámbito estrictamente académico. A través de su experiencia personal, la autora intenta mostrar la relevancia del saber y quehacer filosófico en una sociedad como la mexicana. A juicio de la autora y de la mano de Karl Jaspers, se nos propone una concepción de la filosofía que amplifique sus campos de acción y tenga cabida en instancias tanto privadas como gubernamentales; se cuestionan además los cánones de enseñanza académica. En un somero pero incisivo y polémico acercamiento, Marina Gómez Robledo se replantea la posibilidad de una filosofía mexicana y cuestiona su originalidad para esbozar si es posible su enseñanza.

Texto

Introducción

¿Por qué es importante la educación?; ¿por qué es importante la filosofía?; ¿ésta debe quedarse en su área de estudio?; ¿es útil para otros saberes?; ¿cómo se debe enseñar?; ¿qué significa el quehacer filosófico?; ¿existe una filosofía en México?; ¿a qué se le conoce como filosofía mexicana?; ¿contamos con cierta tradición?

Estas son ciertas preguntas que me han surgido a lo largo del curso. Por ello, en este pequeño ensayo, se intentarán desarrollar algunas teorías para esclarecer mi pensamiento y poder encontrar algunas respuestas.

En primer lugar, se buscará explicar la importancia de la educación en cualquier país para su desarrollo. Se expondrá, en este capítulo, un ejemplo real que me sucedió hace unos meses para ejemplificar la deficiencia educativa que vive México.

En segundo lugar, se expondrá lo que significa la filosofía de la mano de Karl Jaspers para analizar si tiene cierta utilidad y/o importancia en otras áreas del saber.

A continuación, nos adentraremos a la unión entre educación y filosofía. Para ello se mostrará primero qué significa el quehacer filosófico para Noussan-Lettry y cómo debe ser enseñado. Después, como una propuesta distinta a la primera, se anotaran las tesis de Axel Barceló sobre el mismo tema.

En el cuarto apartado se analizará cuál ha sido la tradición y autenticidad filosófica en México, si es que existe una. Esta decisión pretende sopesar los frutos que ha tenido la enseñanza de la filosofía en nuestro país. Para ello se analizará primero un artículo de Leopoldo Zea, quien tiene una visión positiva al respecto; a continuación se expondrán las ideas de Antonio Gómez-Robledo, quien difiere del primero, pero que también reconoce una tradición de aprendizaje y conocimiento filosófico. Para completar su exposición se utilizarán ideas de Gabriel Vargas Lozano y de Guillermo Hurtado sobre el mismo tema.

La importancia de la educación

La educación es sin lugar a duda de suma importancia. A mi modo de ver, es lo que saca adelante a un pueblo. Un país ignorante es un país manipulable y por ende, casi siempre, oprimido.

Educación es el conjunto de todos los efectos procedentes de personas, de sus actitudes y actos, de las colectividades, y de las cosas culturales que resultan beneficios para el individuo, despertando y fortaleciendo en él sus capacidades esenciales, razón y voluntad, sentimientos y conciencia, para que pueda convertirse en una personalidad capaz de participar responsablemente en la sociedad y la cultura. [1]

En México, la educación es un gran problema, ya que existen varias trabas que impiden su progreso. Por ejemplo: hace pocos meses fuimos, mi hermana y yo, a la escuela Chapultepec (escuela de gobierno), a dar una clase a niños de cuarto de primaria de cómo ahorrar su dinero para conseguir un objetivo. Uno de ellos se acercó y nos platicó que su objetivo era comprar una bicicleta. Nosotras le dijimos que estaba perfecto y que, por favor, escribiera bicicleta en su hoja, a lo que nos respondió que no sabía ni leer ni escribir. El niño tiene 10 años y como, según la SEP, está prohibido reprobar a los estudiantes (para que aparentemos una mejoría a nivel mundial), lleva pasando toda su primaria sin entender nada y cargando con una gran frustración. A la salida fuimos con la directora, quien nos dijo que sabía de ese niño pero que no podía hacer nada por él, ya que no podía pedir a la maestra que se quedara horas extras debido a que está dentro del sindicato de profesores. Evidentemente, la maestra no tiene la vocación para hacerlo por cuenta propia y el niño de 10 años seguirá pasando su primaria en blanco, hasta que no pueda ingresar a una preparatoria y se quede sin estudios.

Este vivo ejemplo nos enseña cómo la educación es sumamente importante, ya que representa la posibilidad de un futuro victorioso o de una derrota. Como lo dice Francesc Torralba Roselló:

[...] se educa para forjar ciudadanos libres, responsables, capaces de construir una sociedad justa y fraternal donde la diferencia constituya un valor y no un problema social que deba extinguirse. Se educa para la libertad, para la solidaridad, para la responsabilidad, para vivir en el sentido más noble del término.[2]

Ahora bien, se educa primero para tener una base firme, estructurada y global de los distintos saberes, para después elegir uno de ellos a los que, en principio, deseas dedicar tu vida o parte de ella. La filosofía es una ciencia que existe como carrera pero que también representa una base en la estructura de preparatoria de los alumnos, con las ramas lógica, ética, y filosofía.

 

La importancia de la filosofía en todas las áreas del saber

Definir a la filosofía es un tanto complejo. Existen varias y diversas definiciones de este saber. En general, la filosofía se puede entender como:

[…] la busca (sic) de la verdad, no la posesión de ella. […] Filosofía quiere decir: ir de camino. Sus preguntas son mas esenciales que sus respuestas, y toda respuesta se convierte en una nueva pregunta […] Su sentido es: ver la realidad en su origen; apresar la realidad conversando mentalmente conmigo mismo, en la actividad interior; abrirnos a la vastedad de lo que nos circunvala; osar la comunicación de hombre a hombre sirviéndose de todo espíritu de verdad en una lucha amorosa; mantener despierta con paciencia y sin cesar la razón, incluso ante lo mas extraño y ante lo que se rehúsa. La filosofía es aquella concentración mediante la cuál el hombre llega a ser él mismo, al hacerse partícipe de la realidad.[3]

Esta definición que da Karl Jaspers, me parece muy apropiada porque analiza varios e importantes aspectos, es decir, concibe a la filosofía como una búsqueda de la verdad sin que eso signifique que sea la ciencia quien posea la verdad. Por ello dice que sus preguntas son más importantes [las de la filosofía] y toda respuesta representa una nueva pregunta. En filosofía es necesario el uso continuo de la razón. A este último punto se le puede reprochar que todas las ciencias también utilizan la razón, y es verdad, sin embargo, lo que yo observo en este saber, es que la filosofía no puede dejar de usarla, es decir, no puede aprender cierto logaritmo y dejar que lo demás se deduzca, o no puede sólo aprender a utilizar una máquina, unos programas, etc., y esperar a que la respuesta esté dada. La filosofía no tiene otra herramienta que no sea el hombre y sus propias capacidades. Por último, y lo que me parece más importante, es que el hombre se haga participe de la realidad, es decir, que la filosofía no es sólo una ciencia teórica, como muchos lo creen, sino que también es práctica, ya que tiene como objetivo el conocimiento del mundo y del hombre como parte fundamental de aquél.

Por tanto, considero que la filosofía debe estar en todas las áreas del saber. Evidentemente no todos deben estudiar todas las ramas de la manera en que lo hace un hombre que estudia, de hecho, la carrera de filosofía. Considero fundamental la filosofía como una ciencia que sirve a los hombres en su vida práctica, como una ciencia que enseña a pensar, a analizar, a discernir, a cuestionarse, a tener un mayor rigor metódico en el trabajo y mayor autenticidad en la elaboración. La mayoría de los hombres que tengan una preparación filosófica podrán tener una visión más amplia de su trabajo, ya que podrán separar el todo en partes (analizar) para identificar cada uno de los pequeños problemas de manera objetiva.

Por otro lado, considero de igual manera fundamental que la rama de la ética, perteneciente a la filosofía, sea también difundida en todos los campos donde exista un ser humano. Esto lo creo conveniente, pues a mi parecer la ética es la rama más práctica y con mayor ayuda directa al hombre, ya que éste es el único ser que se enfrenta contra el mundo, aquel que se aleja de la linealidad y armonía de la naturaleza. Al tener la posibilidad de emitir un juicio negativo, el ser humano inaugura en ese mismo instante la creación de su propia singularidad, la facultad o, si se quiere, su propio estatuto ontológico: la libertad. Cuando llega la libertad, el hombre se da cuenta de que los límites se han retirado: ahora se puede serlo todo. Entonces este ser abre los ojos, toma conciencia, y comprende que desde este instante su vida no puede ser la misma: su medida ya no existe en la naturaleza, ya no hay otro ser que pueda comparársele; ahora debe inventársela. Los únicos que se le comparan, los que le darán la talla, aquellos a los que podrá incluso avasallar, serán los mismos hombres. Por ello creo que la ética es la rama que ayuda al hombre a hacerse responsable de su libertad, es decir, de las consecuencias que puede tener sobre otros y sobre él mismo; todo acto que realice.

Por todo esto creo que no sólo es sumamente importante, sino que existe la necesidad de que la filosofía salga a las calles, que se acerque y enseñe al hombre su importancia para que todos adopten parte de ella. La filosofía no se debe quedar únicamente en la academia. Debe existir, según pienso, por lo menos un filósofo en cada empresa (pública y privada), escuela, gobierno, etc., que regule, aconseje y analice la parte ética de todos los sectores.

 

¿Cuál es el quehacer filosófico, la enseñanza de la filosofía?

Tomando en cuenta el significado e importancia de la educación y de la filosofía: ¿cómo debe de ser ésta enseñada?, ¿cuál es el quehacer filosófico?

Antes que nada, es importante considerar ciertos errores. Como dice Gustavo Bueno, es una estulticia creer que todos los profesores de filosofía puedan considerarse como un conjunto homogéneo. En realidad existen múltiples ideologías. También resulta incorrecto confundir la clase de filosofía con la divulgación científica. No se puede educar filosóficamente bajo una rama determinada. La formación del juicio se irá conformando según las experiencias que viva cada persona.[4]

Para muchos, resulta una confusión la dicotomía que parece existir entre el quehacer filosófico y la enseñanza de ésta (la filosofía). Noussan-Lettry, a principios de los años setenta, presentó un artículo titulado: El aunamiento de enseñanza e investigación en historia de la filosofía. En él, analiza esta dicotomía. Señala que cualquier profesional que se haya dedicado un tiempo a la enseñanza y a la investigación, sabe lo difícil que es llevar a cabo ambas actividades. Además, pregunta este autor, ¿cómo responderemos a las posturas de algunos filósofos que afirman que la filosofía no puede enseñarse ni aprenderse?

¿Qué podemos decir, desde fuera de la filosofía, sobre la investigación en filosofía, sin deponer en cierto modo nuestra ocupación? En cuanto a enseñanza, ¿qué podemos decir, sin traicionarnos, sobre la enseñanza de la filosofía, cuando tantos filósofos han afirmado que no es enseñable ni aprendible? Enseñanza y filosofía parecen rechazarse a tal punto que cuando hay enseñanza en sentido formal y estricto está ausente la filosofía y viceversa.[5]

Para este autor la respuesta es que el proceso de enseñanza-aprendizaje no es teoría o arte, tanto como lo es práctica. Los fines que se persiguen en el quehacer filosófico con el estudiante son, ante todo, fines humanos. Podemos observar que esto se relaciona con lo dicho en el capítulo anterior, sobre la importancia de la filosofía y su estrecha unidad con el ser humano. La filosofía, como también fue mencionado, vive en las universidades y ahí debe desarrollarse; sin embargo, sin olvidar la investigación, la enseñanza también debe ser considerada como algo fundamental. Para Noussan-Lettry, estos dos aspectos (la investigación y la enseñanza) pueden conjuntarse a partir del método de la interpretación de las fuentes primarias, es decir, el problema de interpretar un texto. Interpretar supone leer, aunque leer es ya interpretar. El texto es cuestionado, pero éste también termina por cuestionarnos a nosotros. Este método me parece bastante acertado para una enseñanza de la filosofía. No nos queda, pues, sino reconocer que el texto y su interpretación viven en una extraña simultaneidad:

La interpretación puede ofrecerse como “novedosa”, pero este carácter se supera a sí mismo. Para ser “nueva”, la interpretación tiene que tornarse tan “vieja” como el texto o éste tan urgente y actual como nuestra situación [...] advertimos que el texto es histórico por no ser una mera historia, y que nosotros estamos implicados en el proceso en el cual se puede actualizar y realizar su historicidad.[6]

El estudiante, sin embargo, suele reclamar siempre el estudio de temas actuales que aborden problemas e inquietudes de su tiempo. A juicio de Noussan-Lettry, no ha comprendido que la noción de “actual” es mucho más amplia de lo que parece. Las modas de nuestros tiempos pueden en realidad ser inútiles para nuestra situación particular, mientras que un texto escrito hace siglos puede arrojar mucha luz sobre muestra condición histórica y humana. Su idea principal, con la cual coincido, es que al final lo fundamental del quehacer filosófico es que éste nos proporcione esclarecimiento sobre nosotros mismos y nuestra situación concreta. Sólo a partir de ésta última, y sólo en la medida en que algo incide de manera profunda y relevante en nuestra situación, es que podemos calificar a ese algo de “actual”. Con base en esta misma idea se mencionaba en el capítulo anterior la importancia de la filosofía como conocimiento base para las demás áreas del saber.

Así pues, hemos de elaborar, según Noussan-Lettry, una filosofía que esté en condiciones de cuestionarse a sí misma y asumir con firmeza sus propios presupuestos. El camino debe ser recorrido conjuntamente por el alumno y profesor, sin explicaciones mecánicas o exigencias inútiles, y en cambio siempre con un interés profundo y sincero por la materia de estudio:

El camino tiene que ser recorrido en común, al menos en parte, y no cuenta el conocimiento, “los resultados”: cuenta la experiencia [...] el camino no puede ser simplemente contado. Hay que mostrarlo, hay que hacerlo en común. Los estudiantes han de configurar la circunstancia práctica dentro del cual se desenvuelve la investigación.[7]

El empeño de la filosofía es al final siempre una pregunta, una pregunta sincera y necesaria que se pregunta por el hombre, por sus problemas, por su historia, su situación y su contexto.

Axel Barceló es otro filósofo que explica qué es para él el quehacer filosófico, en su artículo Porgy, Bess y el filósofo crítico. Lo que para él significa el quehacer filosófico difiere de lo que vimos en el autor anterior. Este autor resume el quehacer filosófico en la siguiente frase: “no es necesariamente así”[8]. Con esto se refiere a que el objeto de la filosofía son las relaciones conceptuales y lógicas. Se analiza la extensión lógica de un concepto x y su intersección con un concepto y. Heredero de la tradición analítica, Barceló nos dice que al filósofo le interesa esclarecer los vínculos que unen unos conceptos con otros, las relaciones que hace que un concepto se siga o no del otro:

Diría que la filosofía se ocupa de las relaciones puramente lógicas. Los filósofos nos la pasamos relacionando conceptos, averiguando si son compatibles o incompatibles, si se implican mutuamente o se excluyen, si se contienen o son distintos, entre otras relaciones lógicas.[9]

Nos dice que, en términos estrictos, el filósofo no se pregunta tanto sobre las cosas particulares sino por los conceptos. De ese modo, no debemos pregunta por una democracia particular o por un Dios particular, sino por el concepto de democracia o el concepto de Dios: “A un filósofo no le interesa, por ejemplo, si una máquina particular –o todas las máquinas, de hecho existentes–, piensan, sino si es posible que alguna máquina piense.[10] Con este punto yo no estoy de acuerdo, ya que, por ejemplo Antonio Caso, buscaba defender una concepción de la democracia que no dependiera de las ideologías extranjeras y diera respuestas a las necesidades básicas de la población.[11] Antonio Caso fue un gran filósofo que vio las necesidades de México y por eso tenía esas brillantes e importantes intenciones. La filosofía como un saber práctico, a mi parecer, puede y deber analizar también las particularidades.

Para Barceló, la filosofía, a diferencia de ciencias como las matemáticas, no construye sus propios conceptos, más bien investiga conceptos extra-filosóficos. Hay dos tipos de tesis filosóficas, aunque el objeto de toda filosofía sean las relaciones lógicas: los filósofos teóricos que buscan las conexiones necesarias entre conceptos; y los filósofos críticos que buscan las posibilidades de conexión entre conceptos.[12] La labor del filósofo crítico ha sido menospreciada e incluso tachada de pseudo-filosofía.

Se debe entender: criticar una teoría no es dar a conocer alguna otra teoría alternativa, sino reflexionar, explorar sus conceptos. Por lo tanto, para este autor, el papel de la filosofía debe ser crítico con la función de desafiar a los ídolos para estar abierto a la posibilidad de que las cosas sean de otro modo:

En resumen, los filósofos teóricos, pues, tratan de establecer relaciones necesarias entre conceptos [...] mientras que los filósofos críticos tratan de demostrar que tales relaciones no son necesarias [...] el papel del filósofo crítico puede verse o como demoledor de ídolos o como descubridor de posibilidades.[13]

Comparto con este autor que la filosofía debe estudiar las relaciones conceptuales y analizar a los conceptos de manera universal excluyendo –para ciertos objetivos– particularidades, sin embargo, considero de igual importancia (como lo decía Noussan-Lettry) que la filosofía sea también práctica para encontrar dónde y cómo el hombre está parado en el mundo, para que se conozca y maneje. A mi parecer, una enseñanza de la filosofía como Barceló la plantea, sería muy teórica, se basaría en únicamente una filosofía analítica, la cual es sólo una rama de esta ciencia. Creo que se perdería todo lo que se hablo en el segundo capítulo. No podríamos buscar la posibilidad de que saliera en las calles (sin olvidar lo académico) como una base estructural del pensamiento humano, ni pedir que se busque en la filosofía una respuesta a los problemas éticos que tanto nos invaden y perturban.

 

¿Hay una filosofía en México?

Con todo lo dicho en los capítulos pasados, podríamos preguntarnos qué sucede en México en relación con la filosofía y su enseñanza.

Como nos dice Guillermo Hurtado, primero debemos diferenciar entre si han existido en este país personas dedicadas a estudiar y enseñar filosofía, al igual que instituciones donde se puedan investigar y enseñar este saber; y la otra cuestión es si han existido propuestas filosóficas originarias mexicanas.[14] La respuesta a la primera cuestión es afirmativa evidentemente (por lo menos después del siglo XVI), es decir, que sí existen personas e instituciones dedicadas a la investigación y a la enseñanza de este saber. La respuesta a la segunda cuestión no es tan obvia y existen diferentes respuestas.

Según Leopoldo Zea, en su ensayo Filosofar desde la realidad mexicana, no sólo existe una filosofía auténticamente latinoamericana, sino que ésta puede resultar clave para resolver ciertos problemas filosóficos. Para Zea no se puede hablar de “filosofía” como un saber sistemático y unificado, sino más bien de una diversidad de filosofías que surgen en diferentes condiciones y con distintos objetivos. Así, en última instancia, es el diálogo entre los distintos pueblos y sus filosofías las que producen conocimientos y procedimientos filosóficos universales. “No existe una filosofía universal [...] sino filosofías concretas que se universalizan en la medida que son comprendidas por otros y comprenden a estos otros”.[15]

Zea opina que todos los hombres comparten preocupaciones comunes que se expresan en las diversas problemáticas que aborda la filosofía y que son ajenas al tiempo o a la época en las que surgen. De modo tal que las problemáticas del renacimiento, la modernidad o la actualidad, las de África, América o Europa, todas comparten ciertas inquietudes en tanto que la realidad siempre presenta ciertos problemas al hombre que éste resuelve para sobrevivir.

La problemática del filosofar, no sólo americano o latinoamericano sino universal, no ha cambiado. Siguen siendo centrales los problemas de la convivencia del hombre con sus semejantes y su entorno natural.[16]

Si bien Zea señala las convergencias entre la filosofía Latinoamericana, la Norteamericana y Europea, también es muy crítico con la posición de las filosofías primermundistas, en particular la Estadounidense, a la que acusa de entretenerse en juegos vanos y mantenerse distante de la realidad política. Para este autor la filosofía debe ser una disciplina práctica (a diferencia de Barceló), que reflexione sobre los problemas más urgentes de la realidad. Según este filósofo mexicano, la existencia de los pueblos del tercer mundo es prueba de que la razón cartesiana está en crisis en nuestros días. Sin embargo, asegura que son precisamente esos pueblos los que ofrecen un planteamiento diferente de problemas tales como el de la libertad y autodeterminación de los pueblos; y los que defienden principios que debieren ser universales. En este punto, Zea es particularmente crítico con la política Estadounidense, que, aunque aboga por sus derechos y libertades, se muestra completamente indispuesta a respetar los derechos y libertades de los pueblo. Los Estados Unidos exhiben entonces su ingenuidad, pues son incapaces de vislumbrar los beneficios que a ellos les proporcionaría ser solidarios con los otros pueblos:

Los Estados Unidos olvidan así la ineludible relación que guarda el desarrollo del que goza un pueblo con el subdesarrollo de otros pueblos. No consideran que el desarrollo de estos pueblos, lejos de imitar el propio, puede ampliarlo en una acción conjunta de todos los pueblos en la búsqueda de un desarrollo y felicidad comunes.[17]

En América Latina, afirma Zea, existe la particularidad del mestizaje. La larga mezcla de grupos, razas, ideas y tradiciones ha terminado por hacer de América Latina una tierra de donde distintas razas y pueblos han superado sus diferencias para reconocerse como iguales y convivir solidariamente. Así, a los escépticos que no creen posible un filosofar auténticamente latinoamericano, Zea les pregunta: “¿Qué más podemos pedir a la filosofía de nuestra región para que pueda ser considerada como universal y auténtica? ¿Qué mayor autenticidad y mayor universalidad que la problemática que ya se ha planteado a nuestro filosofar en América?”[18]

A diferencia de este autor, Antonio Gómez-Robledo afirma lo contrario:

[... la] pintura mural, [y el juicio de] amparo, ha sido, en mi humilde opinión, la única aportación original de México a la cultura universal, cuando en filosofía no hemos dado todavía ni un filosofema inédito que pueda redimirnos de la condición que aún arrastramos de meros receptores del pensamiento filosófico.[19]*

Gómez-Robledo, sin embargo, redactó una conferencia titulada El pensamiento filosófico mexicano, donde, sin contradecir lo anterior, habla de los más grandes filósofos mexicanos (se irá completando su conferencia con ideas de Gabriel Vargas Lozano). Comienza afirmando que en las culturas previas a la conquista de Cortés no había filosofía, sólo religión, aspectos que, con frecuencia, suelen confundirse.

Durante y después de la conquista surgieron sobretodo grandes instituciones que promovían este saber, como por ejemplo, la Real y Pontificia Universidad de México inaugurada en el año de 1553. Posteriormente se introdujo en México la filosofía moderna, gracias al Doctor D. Juan Benito Díaz de Gamarra y Dávalos, quien escribió Elementos de la Filosofía Moderna. En el siglo XIX existieron grandes filósofos, quienes se concentraron en la filosofía política del liberalismo, prueba de ello es la Constitución Política de México del año 1857. El positivismo apareció en México con Gabino Barreda con el objetivo de que fuera una ideología más apta para organizar la paz del país. Gabino Barreda afirmaba: “[...] nuestra divisa [debe ser:] libertad, orden y progreso; la libertad como medio; el orden como base y el progreso como fin”.[20] En esta época, donde México estuvo influenciado por el positivismo, la filosofía fue concebida de manera distinta a la tradicional:

La filosofía, no hay que decirlo, fue totalmente suprimida, la filosofía, queremos decir, como se la ha entendido tradicionalmente, como un saber supraempírico, pues de acuerdo con el sistema comtiano, la filosofía no es sino la sistematización de las ciencias. [...] de la metafísica, no quedó ni el nombre. La ética se refundió como un capítulo de la sociología[...].[21]

El positivismo suprimió bastantes aspectos de las humanidades para concentrarse en el saber científico, lo cual consiguió con éxito, no obstante, no logró su objetivo de establecer la paz y la concordia entre los mexicanos, ya que como nos dice Gómez-Robledo, refiriéndose a lo dicho por Leopoldo Zea, “para suprimir la discordia comenzóse por suprimir el corazón. Nada podía decir acerca de los últimos fines del hombre”.[22]

Después de la Revolución Mexicana se creó un grupo llamado el Ateneo de la Juventud, conformado por Antonio Caso y José Vasconcelos. Ambos fueron anti-positivistas y espiritualistas cristianos. El primero intenta unir el neo-platonismo y asegura que los pueblos se mueven por mitos. Estos dos, junto con Justo Sierra, realizan una reflexión sobre la filosofía de la cultura nacional. En este tiempo, también surge Samuel Ramos, quien fue el primer historiador de la filosofía mexicana. Él asegura que el mexicano tiene un complejo de inferioridad.[23] Todos ellos han sido grandes y renombrados filósofos mexicanos.

A finales de los treinta, México acogió a muchos filósofos exiliados españoles como a José Gaos, Eduardo Nicol, Ramón y Joaquín Xirau, Adolfo Sánchez Vázquez, etc. José Gaos junto con Leopoldo Zea, crearon el grupo Hiperión, el cual estuvo integrado por personajes como Luis Villoro, Jorge Portilla, entre otros. Todos ellos buscaban impulsar la filosofía y cultura mexicana.

En la década de los sesenta surgieron en la UNAM tres corrientes: la filosofía latinoamericanista (Leopoldo Zea), la filosofía analítica (Luis Villoro), y la filosofía de la praxis (Sánchez Vázquez). El primero intentaba difundir el pensamiento de y en América Latina; Luis Villoro buscaba la autenticidad de la filosofía latinoamericana; la tercera surgió como una versión anti-estalinista del marxismo[24].

Así, tanto Gómez-Robledo, como Vargas Lozano, afirman que la filosofía ha estado presente en todas las etapas de la historia de México (desde la conquista). Ha sido fundamental para la elección de instituciones educativas. Sin embargo, como ya vimos lo que Gómez-Robledo menciona, no es que no hayan existido grandes estudiosos de los filósofos, ni que no existan grandes maestros o conocedores o críticos, o filósofos que hayan podido explicar perfectamente otras teorías; pero todo es del otro, es decir, no hay un filosofema originario mexicano que sea reconocido mundialmente, sólo hay grandes receptores del pensamiento filosófico.

Para Guillermo Hurtado, “[hay] dos problemas centrales de nuestra filosofía: la escasez de diálogos y la pobreza de sus tradiciones”. [25]Es importante apoyar a la solución de estos problemas para que exista una filosofía mexicana con filósofos mexicanos. Para lograr esto, afirma Hurtado, es necesario empezar por una reflexión de nuestra realidad:

La filosofía mexicana para que de verdad lo sea, a de partir de una reflexión acera de su realidad. [...] La posición que defiendo no depende de una epistemología o de una metafísica historicista o perspectivista (como las de Ortega, Ramos, Gaos, o Zea), sino que se basa en una descripción de las prácticas dialógicas en las cuales se genera la filosofía [es decir,] metafilosófica. [26]

Se debe de buscar la originalidad en las preguntas y respuestas filosóficas, para así poder realizar realmente una filosofía. La originalidad debe provenir de aquel que se lo plantea y que lo pensado contribuya a una discusión, es decir, que la amplíe y que sea sólida. Además de esto, es necesario el funcionamiento de prácticas e instituciones que propicien el diálogo para crear una tradición filosófica.[27]

Por lo tanto, podemos observar que para Guillermo Hurtado es sumamente importante propiciar que exista una filosofía mexicana. Podemos concluir de sus afirmaciones que, aunque acepta a los grandes estudiosos de la filosofía, la originalidad no ha existido en casi nadie. Para él, el grupo Hiperión ha sido el proyecto más importante de la filosofía mexicana como filosofía auténtica.

 

Conclusión

La importancia de la educación es obvia, pues es la herramienta principal para sacar adelante a un país entero. Como dice César Coll, el objetivo más ambicioso de la educación debe ser que el alumno aprenda a aprender, que sea capaz de realizar aprendizajes significativos en una gran cantidad de situaciones y circunstancias.[28]

La filosofía, a mi parecer, es una de las ramas de saber que da más herramientas para lograr que el alumno aprenda a aprender, ya que concede una base estructurada que ayuda a pensar y a analizar. Es la rama del saber que forma a personas críticas e inquietas por descubrir su alrededor. Por todo esto, afirmo la importancia de una filosofía práctica que se atreva a salir a las calles y acercarse a las personas. Ahora bien, creo que esta tarea debe corresponder propiamente a los filósofos.

Estoy convencida de que en realidad, en México, ha existido una verdadera enseñanza de la filosofía como un saber primordial, sin embargo carece de una creación filosófica propia.

La enseñanza de la filosofía, entonces desde mi punto de vista y hablando en México, tiene tres objetivos:

- El primero relacionado a la educación escolar del pueblo que abarque, como ya dijimos, todas las áreas del saber y a todos los sectores para lograr una base sólida en el pensamiento de todos.

-El segundo, continuar enseñando a personas que desean dedicarse a profundidad al estudio de la filosofía.

-El tercero, la enseñanza de la filosofía tiene la necesidad, como lo menciona Guillermo Hurtado, de impulsar la autenticidad de una filosofía mexicana. Debe impulsar el hacer un análisis de la realidad mexicana para crear las herramientas y tradiciones necesarias para la originalidad de ideas filosóficas mexicanas.

 

Bibliografía:

 

-          Barceló, Axel Arturo. “Porgy, Bess y el filósofo crítico”, en. Hurtado, Guillermo y otros (coord.), Pensar la filosofía, México, UNAM, 2004, pp. 19-27.

-          Barreda, Gabino, “Oración Cívica”, en Villegas, Abelardo, Positivismo y Porfirismo, p. 57.

-          Bueno, Gustavo, “El lugar de la filosofía en la educación”, en. ¿Qué es la filosofía?, Oviedo, Pentalfa Ediciones, 1995, p. 66.

-          Coll, César, Psicología y curriculum. México, Paidós, 1995.

-          Gómez-Robledo, Antonio, “Ad Amicum Trans Flumen”, en Opera varia (tomo 12), México, El Colegio Nacional, 2002, pp. 228-238.

-          ——————————-, “El pensamiento filosófico mexicano”, en Filosofía (Tomo 1), México, El Colegio Nacional, 2002, pp. 87-106.

-          Henz, Hubert, Tratado de pedagogía sistemática, Barcelona, Herder, 1986.

-          Hurtado, Guillermo, El Búho y la Serpiente, México, UNAM, 2007.

-          Jaspers, Karl, La Filosofía, México, FCE, 1974.

-          Noussan-Lettry. “El aunamiento de enseñanza e investigación en la historia de la filosofía”, en. Cuestiones de Enseñanza y de Investigación en Filosofía, Argentina, Universidad Nacional de Cuyo, 1973, pp. 99-108.

-          Torralba Roselló, Francesc. Rostro y sentido de la acción educativa, Barcelona, Edebé, Barcelona, 2001.

-          Vargas Lozano, Gabriel, Esbozo de la Filosofía en México (siglo XX), México, Conarte, 2005.

-          Zea, Leopoldo, “Filosofar desde la realidad americana”, en Filosofar a la altura del hombre, México, Cuadernos Americanos, 1993, pp. 361-371.

 


Referencias    (↵ returns to text)
  1. Hubert Henz, Tratado de pedagogía sistemática, p. 39.
  2.  Francesc Torralba Roselló, Rostro y sentido de la acción educativa, p. 28.
  3. Karl Jaspers, La Filosofía, p. 11-12.
  4. Cfr. Gustavo Bueno, El lugar de la filosofía en la educación, pp. 41-42.
  5. Luis Noussan-Lettry, El aunamiento de enseñanza e investigación en historia de la filosofía, p. 99.
  6. Ibid., p. 103.
  7. Ibid., pp. 107-108.
  8. Axel Arturo Barceló, Porgy, Bess y el filósofo crítico, p. 19.
  9. Ibid., p. 20.
  10. Ibid., p 20.
  11. Cfr. Guillermo Hurtado, El Búho y la Serpiente, p. 10.
  12. Axel Arturo Barceló, op. cit., p 24.
  13. Ibid., p. 25.
  14. Guillermo Hurtado, op. cit., p 41.
  15. Leopoldo Zea, Filosofar desde la realidad americana, p. 362.
  16. Ibid., p. 363.
  17. Ibid. p. 368.
  18. Ibid., p. 371.
  19. Antonio Gómez-Robledo. Ad Amicum Trans Flumen. 244p.

    * Seguramente olvido mencionar a la poseía y a la literatura como otras aportaciones originales mexicanas a la cultura universal. De la filosofía seguiremos con la discusión.

  20. Gabino Barreda, Oración cívica, p. 75.
  21. Antonio Gómez-Robledo, El pensamiento filosófico mexicano, p 96.
  22. Ibid., p. 97.
  23. Cfr. Gabriel Vargas Lozano, Esbozo de la Filosofía de México, p. 60.
  24. Cfr. Ibid., p. 83.
  25. Guillermo Hurtado, op. cit., p 9.
  26. Ibid., p. 42.
  27. Cfr. Ibid., p. 44-45.
  28. César Coll. Psicología y Curriculum. 43p.