El debate sobre el concepto de ideología en México

En este ensayo, el alumno César De Rosas Ramírez revisa y problematiza el concepto de ideología a partir del debate surgido en la filosofía mexicana durante la segunda mitad del siglo XX entre Luis Villoro y Adolfo Sánchez Vázquez. Partiendo del concepto de ideología, según lo formula Marx y Engels, nuestro autor comienza su trabajo exponiendo la controversia en torno a este concepto para después presentar las contribuciones y respectivas posturas de Sánchez Vázquez, Villoro, Pereyra y Vargas Lozano a esta discusión. De Rosas Ramírez propone que en torno a este debate no sólo tratemos de delimitar conceptualmente lo que entendemos por ideología, sino de reflexionar sobre la importancia de pensar otros problemas concomitantes: como el papel de la ideología en la vida humana; la relación de la ideología con la ciencia, la filosofía y la política; sus múltiples expresiones en la realidad; sus causas y su estatus ontológico, epistemológico e incluso moral. Para finalmente acentuar que el análisis y la justificación del estudio sobre la ideología deben sustentarse en la praxis.
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Alumno: César De Rosas Ramírez
Colegio de Filosofía
Materia: Temas Contemporáneos de Filosofía en México
Profesor: Alfonso Vázquez 

Resumen

En este ensayo, el alumno César De Rosas Ramírez revisa y problematiza el concepto de ideología a partir del debate surgido en la filosofía mexicana durante la segunda mitad del siglo XX entre Luis Villoro y Adolfo Sánchez Vázquez. Partiendo del concepto de ideología, según lo formula Marx y Engels, nuestro autor comienza su trabajo exponiendo la controversia en torno a este concepto para después presentar las contribuciones y respectivas posturas de Sánchez Vázquez, Villoro, Pereyra y Vargas Lozano a esta discusión. De Rosas Ramírez propone que en torno a este debate no sólo tratemos de delimitar conceptualmente lo que entendemos por ideología, sino de reflexionar sobre la importancia de pensar otros problemas concomitantes: como el papel de la ideología en la vida humana; la relación de la ideología con la ciencia, la filosofía y la política; sus múltiples expresiones en la realidad; sus causas y su estatus ontológico, epistemológico e incluso moral. Para finalmente acentuar que el análisis y la justificación del estudio sobre la ideología deben sustentarse en la praxis.

Texto

El concepto de ideología ha sido objeto de un intenso debate (aproximadamente entre 1974-1985) entre los dos más importantes filósofos mexicanos de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI: Luis Villoro y Adolfo Sánchez Vázquez. No sólo es una controversia importante por la talla de dichos pensadores sino por su aporte al debate a nivel mundial, por la seriedad que le dieron y por el diálogo ejemplar y respetuoso que sostuvieron. Dicha controversia quedó abierta. También otros dos filósofos mexicanos han reflexionado sobre la ideología y su contribución es fundamental e igualmente valiosa que la de Villoro y Sánchez Vázquez. Se trata de autores más jóvenes ubicados dentro de la tradición marxista que tienen observaciones muy pertinentes que incluso superan complicaciones no tocadas por los anteriores pensadores. Estos personajes son Carlos Pereyra y Gabriel Vargas Lozano.

La intención de este ensayo es analizar brevemente la controversia en torno al concepto de ideología y las posiciones de cada uno de estos filósofos, señalar lo que creemos son sus aciertos y errores y tomar una posición propia respecto al tema.

No sólo se trata de delimitar lo que entendemos por ideología a fin de evitar equivocaciones, sino que la importancia radical de estudio del tema es que la(s) ideología(s) es(son) uno de los principales motores de la vida humana, de nuestra acción. Además de ser uno de los cimientos sobre los que cualquier hombre o mujer se insertan en el mundo social, es decir, la justificación del estudio sobre la ideología es teórico-práctica.

En nuestro recorrido podremos ver también, de paso, otros problemas derivados de nuestro análisis, como son: el papel de la ideología en la vida humana; la relación de la ideología con la ciencia, la filosofía y la política; sus múltiples expresiones en la realidad; sus causas y su estatus ontológico, epistemológico e incluso moral.

Introducción: Origen del concepto moderno de ideología en Karl Marx

El concepto de ideología tiene una larguísima tradición y puede por lo menos remontarse hasta Bacon con la teoría de los ídolos en su Novum Organum, pasando por Condillac y Destutt de Tracy. Sin embargo, es reconocido por los autores que nos interesan en este momento que la idea moderna que manejamos sobre la ideología proviene de Karl Marx, por ello partiremos de dicho pensador. Aquí podemos ubicar un punto de las futuras disputas que veremos más abajo, pues Engels y Marx no van a sostener durante su desarrollo intelectual la misma posición. Por ello es conveniente aclarar, de forma breve, cómo manejan el concepto de ideología en sus menciones más importantes en diferentes obras y así entender de qué lugar parten los otros filósofos.

El término de ideología sólo aparece explícitamente en La ideología alemana y en el “Prólogo” de 1859 a la Contribución a la crítica de la economía política. Esto es muy relevante para nuestro tema, pues, como señala Gabriel Vargas

[…] tanto en el interior como en el exterior del marxismo se han presentado como atribuibles a Marx ciertas concepciones que no lo son. Ejemplo de ello son, el sentido engelsiano de falsa conciencia, o el leninista de ideología científica.[1]

Marx llamaba “ideología alemana” —en su texto del mismo nombre— a una concepción invertida de la realidad sostenida por el movimiento neohegeliano (Feuerbach, Stirner, Grün, Kuhlmann y los hermanos Bauer). Según el cual, las verdaderas ataduras de los hombres eran las ideas (todas reducidas fundamentalmente a las religiosas) y, por tanto, bastaba con atacar dichas ideas e interpretar el mundo de otra manera para transformarlo.

Esto nos muestra que Marx consideró al movimiento neohegeliano como ideológico, pero esto no quiere decir que las características de este grupo definan lo que es la ideología en todos los casos. En este texto a lo más que puede aspirarse es a hablar, en cierto sentido, de un acercamiento a la definición de “ideología política”, debido al importante señalamiento que Marx y Engels hacen cuando dicen

[…] las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época; o dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante.[2]

Así pues, la ideología se va perfilando en el sentido de un conjunto articulado de ideas que contienen los intereses de un grupo para conservar su dominio sobre los demás. Hasta aquí la “ideología alemana”.

Ahora, en el “Prólogo” de 1859 a la Contribución a la crítica de la economía política se hace una mención explícita aunque ambigua:

Al cambiar la base económica se transforma, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo.[3]

De este texto, lo más viable, es pensar que a) la política, el derecho, la filosofía, etc., son formas ideológicas y son diferentes de la ciencia económica y b) que dichas formas ideológicas están dadas de acuerdo con el tipo de sociedad en que existen cumpliendo una función legitimadora o crítica. Hasta aquí las menciones explícitas.

Por último, existen muchísimas menciones implícitas de la ideología en toda la obra marxiana, por ejemplo, en los Grundrisse o, cuando en El capital habla de reflejos invertidos de las relaciones económicas (enajenación y fetichismo) y de formas de conciencia. Una mención muy interesante es la de ideología como “crítica”, pues en la ideología socialista no se trata de enmascarar la realidad sino de analizarla científicamente. Así como tampoco se trata de sostener el orden establecido y las ideas provenientes de dicha realidad falseada, sino que partiendo del análisis se trata de transformarlas en posibilidades plausibles, reales, concretas y objetivas.

Esta ideología no puede ser descrita como falaz, en la medida en que sus aserciones no pueden ser contrastadas con la realidad (porque aún no existe) ni con la ciencia, en la medida en que se desprende de ella.[4]

Sirva este apretado resumen del concepto de ideología en Marx para comprender mejor la problemática en la filosofía mexicana. Deseamos recalcar que es importante recordar tres cosas: a) el contexto en el que Marx y Engels hablan de la “ideología alemana” y sus restricciones; b) que la ideología puede tener una función de dominación de una clase, de explotación, enmascaramiento de la realidad y de perpetuación de un estado de cosas en la sociedad (“ideología política”) y c) que aunque Marx no consideraba su obra como ideológica, parece haber un sentido, como el del párrafo anterior, en que el socialismo podría darse como una ideología pero de forma opuesta a su configuración negativa. En el sentido de una ideología fundada en la ciencia para la emancipación del hombre.

Posición del Adolfo Sánchez Vázquez: definición amplia

En primer lugar, debemos señalar que Sánchez Vázquez tiene su propia interpretación de la filosofía marxista, por tanto, no es parte de la ortodoxia que conocimos con el socialismo real. Parte fundamentalmente de su original pensamiento: el marxismo es filosofía de la praxis, es decir, en cualquier forma la filosofía tiene profunda relación con la realidad y ésta se encuentra en constante conflicto.

Si la filosofía se encuentra insertada en la realidad y no alejada de ella, el filósofo no es un espectador ajeno sino que también se encuentra inmerso en la dinámica de la realidad.

Toda filosofía tiene, pues, una función práctica que incide en el mundo, sea de forma consciente o no, pero sólo una consciencia de la práctica (praxis) puede mostrarnos sus consecuencias, este último punto es muy importante como veremos más adelante.

Para Sánchez Vázquez la ideología se define como:

[…] a) un conjunto de ideas acerca del mundo y la sociedad que: b) responde a intereses, aspiraciones o ideales de una clase social en un contexto dado y que: c) guía un comportamiento práctico de los hombres acorde con esos intereses, aspiraciones o ideales.[5]

Como vemos, el concepto que Sánchez Vázquez propone es amplio, pues abarca un amplio espectro de expresiones de la ideología. No sólo es un grupo de ideas con respecto al mundo sino que también tienen que ver con la forma en que la sociedad está formada y sus movimientos. Dichas ideas no son inocentes sino que están impulsadas en su interior por motivos que responden a cierta clase social específica. La ideología encamina la manera de comportarse de las clases respecto a otros hombres con base en sus propios intereses.

Lo anterior lleva a Sánchez Vázquez a sostener que la filosofía se encuentra relacionada con la ideología:

Decir que una filosofía es ideológica significa simplemente reconocer que, junto a su lado cognoscitivo, si lo hubiere, existe en ella un lado ideológico en virtud del cual dicha filosofía se ajusta (certera expresión de Althusser) a un interés de clase. Y la ideología se hace presente en la filosofía no sólo en cuanto interviene en su génesis y en el planteamiento de sus problemas fundamentales sino también en su forma o estructura, ya que en definitiva es ella quien determina el modo como se demarcan en su seno lo científico y lo ideológico, el saber y el no saber […].[6]

Para Sánchez Vázquez la filosofía, la ideología y la ciencia se encuentran vinculadas profundamente y no resulta viable separarlas totalmente aunque tengan su propia especificidad, pues en la realidad operan de forma compleja. Esto plantea otra posición: la ciencia y la filosofía no tienen la cualidad de neutralidad ideológica, pues, en cierta medida, se encuentran en intercambio constante.

De la propia definición del autor podemos danos cuenta que hay una posibilidad de la existencia de la ideología como algo “positivo”, es decir, que puede servir como vehículo de las ideas de las clases explotadas para transformar una realidad profundamente injusta, pero que además, como en el caso del socialismo, pueden tener cierto contenido de verdad no obstante que sus usuarios no sean capaces de justificarlo. Es también un tipo de ideología que no vela la realidad, sino que, apoyada en la ciencia económica, política, en la filosofía, etc., propone un mundo posible diferente desenmascarando lo falso en el orden establecido. Es la ideología, en este sentido, crítica y revolucionaria.

Posición de Luis Villoro: definición restringida

Villoro menciona que su propio concepto proviene de Marx y Engels, piensa que la propuesta de ideología de Sánchez Vázquez es sociológica, es decir, que para su definición tomó como base los aspectos sociales. También nos dice que el concepto que Marx sostuvo era más bien de orientación gnoseológica, o sea, se definía por su relación con la verdad o la falsedad. Hay quienes pensamos que “no se puede atribuir a Marx y Engels, sin más, una concepción restringida o ‘estricta’ de la ideología”.[7] Aun así, más tarde Villoro sostendrá un concepto gnoseológico que incluye algunos aspectos sociales.

Tenemos que identificar aquí que para Villoro, por lo menos en esta etapa, la filosofía es fundamentalmente análisis del lenguaje y eliminación de todos los pseudoproblemas. Por ello da más importancia a una delimitación precisa del concepto de ideología porque, de lo contrario, se corre el riesgo (con el concepto amplio) de caer en el dogmatismo de una ideología que se tornara opresora y que antes fue liberadora. Villoro define ideología así:

Las creencias compartidas por un grupo social son ideológicas si y sólo si: 1) [dichas creencias] no están suficientemente justificadas; es decir, el conjunto de enunciados que la expresan no se fundan en razones objetivamente suficientes. 2) [Esas creencias] cumplen la función de promover el poder político de ese grupo; es decir, la aceptación de los enunciados en que se expresan esas creencias favorece el logro o la conservación del poder de ese grupo.[8]

El requisito inicial es pues que la ideología sea diferente del conocimiento, aunque no necesariamente las creencias que forman las ideologías sean falsas, incluso, así definido, pueden contener algo de verdad. En este caso —como en Sánchez Vázquez—, lo que fomenta la ideología es el poder que un grupo no determinado de personas desea obtener o conservar para convertirse o mantenerse como grupo dominante.

Como ya dijimos, para Villoro la ideología se justifica según su aspecto gnoseológico, es decir, por su relación con la verdad o falsedad, con un modo de ver el mundo y representarse la realidad. Sánchez Vázquez replica a esto: no sólo se define así la ideología sino que además tiene un aspecto práctico, su relación con el comportamiento conforme a la ideología. La justificación de Sánchez Vázquez es teórica y práctica:

[…] la crítica de una ideología, desde el punto de vista gnoseológico, no basta para invalidarla ideológicamente. Ningún argumento racional convencerá al capitalista de que explota al obrero al comprar su fuerza de trabajo.[9]

En un punto están de acuerdo nuestros filósofos: la ideología se encuentra en un momento previo a la ciencia, es decir, interviene en sus motivaciones pero de ninguna manera se halla en el proceso de justificación del conocimiento.[10] Para Villoro, es claro que la ideología misma no tiene parte en el conocimiento porque sólo así es que puede marcar un límite con respecto a la ciencia. Ahora quien ejerce esta función delimitadora entre ciencia e ideología es la filosofía. De esto, Villoro sólo puede deducir que la ciencia y la filosofía son neutras ideológicamente hablando, dado que son cosas separadas y con funciones muy distintas.

Finalmente y, en contra del concepto amplio de ideología de Sánchez Vázquez, lo que preocupa a Villoro es que pueda ser utilizada esta definición “[…] no sólo al servicio de la liberación, sino también de un poder opresor […]”.[11] Sánchez Vázquez desde su propia visión de la filosofía ya había pensado en ello:

Para Sánchez Vázquez sólo la filosofía que es consciente de su carácter ideológico y se apoya en una teoría científica de la ideología ‘está en condición de eliminar sus efectos perturbadores y, de ésta manera, enfrentarse crítica, objetiva y fundadamente a otras ideologías’.[12]

Sánchez Vázquez piensa que el concepto de Villoro es excluyente, porque mientras su concepto es amplio y puede contener el de Villoro, el de éste último no tiene tal flexibilidad. Villoro nos dice que el concepto debe fundarse en un terreno interdisciplinario,[13] es decir, la combinación de los aspectos sociológico y gnoseológico; pero pareciera que su concepto queda muy limitado aún con su intercambio en el debate.

Posición de Carlos Pereyra (influencia de Althusser y Gramsci)

Carlos Pereyra toca el tema de la ideología y —de forma muy importante— sus relaciones con la filosofía, la ciencia, la política, etc., fundamentalmente en dos textos. Partiendo desde la postura del materialismo histórico y apoyado en el método analítico de clarificación de los conceptos hace valiosas observaciones. Nos parece que las  más interesantes en dichos ensayos son las siguientes:

Señala en “Filosofía y ciencias sociales” que “[…] la filosofía no existe, lo que hay es un conjunto de disciplinas relacionadas entre sí y habitualmente reconocidas como filosóficas”,[14] que se pueden concentrar en la ontología y la epistemología.

Ahora, Pereyra sostiene una postura llamada inmanentismo epistemológico que niega los principios genéricos de todo discurso científico. Sin embargo, no niega, por ejemplo, la “verificabilidad” y la “práctica” —que comúnmente son parte de las exigencias del discurso científico—, ya que dichas exigencias no son criterios genéricos puesto que no suponen un método específico aplicable a todas las ciencias. Precisamente, el inmanentismo epistemológico postula lo contrario: sí hay criterios de cientificidad pero son propios de cada rama científica. Esto es importantísimo porque implica que los criterios no son los mismos, por ejemplo, para la historia que para la física. Lo que había provocado un rechazo a las ciencias sociales por una supuesta falta de rigor cuando se le exige cumplir con el criterio de la “práctica” o la “experimentación”, lo cual, desde el inmanentismo epistemológico es irrelevante. Al igual que con la filosofía, nos dice que la ciencia en general no existe, lo que hay es un conjunto de diferentes formas de práctica científica, sobre objetos específicos y desarrolladas en diversos niveles de avance.

Otro punto muy interesante es que, señala, las ciencias naturales están más ligadas, en la actualidad, a las formas de producción, mientras que las ciencias sociales lo están a las relaciones de producción, de ahí que sea más difícil el desarrollo en éstas últimas, aunque ninguna de las dos pueden ser, de forma total, neutras ideológicamente.[15] La ideología del grupo dominante, tal cual habían señalado Marx y Engels, dará preferencia a los desarrollos científicos que le son compatibles y, al contrario, va contra los que no se acomodan a sus intereses. No obstante, no tiene nada que ver con que una teoría científica sea correcta: aquí lo que se critica es cómo se desarrolla la práctica científica en su comunidad. Entonces, aclara, debemos evitar el error común, sobre todo en el marxismo, de confundir “…el condicionamiento social del conocimiento y el problema epistemológico de su validez”.[16]

Pereyra hace otra observación importante en la relación filosofía-ciencia, ataca a las teorías que aceptan la unidad entre conocimiento científico y realidad así como la relación sujeto-objeto clásica. El problema radica en que se tienen dos unidades preexistentes (sujeto y objeto), y se considera al conocimiento como una relación abstracta y unilateral producto de ellas (por ejemplo la “adecuación”). Por ello no es suficiente cambiar al sujeto y objeto por otras unidades del conocer, ni incluir el aspecto práctico (algo que sucede con las Tesis sobre Feuerbach de Marx o Filosofía de la praxis de Sánchez Vázquez) al tradicional contemplativo, sino destruir la pregunta misma por el origen del conocimiento y plantear otra: ¿cuáles son los mecanismos de producción del conocimiento? Nos dice que: “el criterio de validez [de la inmanencia epistemológica] no es sólo regional sino también histórico”,[17] esto es que, los criterios, además de ser propios de cada ciencia, van cambiando a través del tiempo. Por ello la epistemología debe explicar cómo se configuran los diferentes modos de producción de conocimiento a través del tiempo, las causas y condiciones de la aparición de los diferentes discursos científicos dentro y fuera de los campos científicos.

Pereyra concluye que, si se afirma que no existe una racionalidad (cientificidad) ni una historicidad universal, debe aceptarse que tampoco existe una ontología general, sino una regional (Heidegger) y continentes científicos (Althusser). Podemos tomar a Marx como ejemplo de lo anterior: sin duda su pensamiento revolucionó la ciencia, pero no todas las ciencias, sino la historia, la economía, la política, parte de la filosofía, etc. Por tanto, no surge con el marxismo una nueva forma de explicar científicamente la totalidad de lo real, sino un nuevo modo de explicar científicamente una determinada realidad.

Ahora, en su texto “Ciencia e ideología”, Pereyra nos dice que el término ideología es motivo de grandes confusiones y que hay autores que lo han cargado de nuevos significados, lo cual ha complicado más el problema. Para él hay dos sentidos fundamentales en que se usa el concepto de ideología, a saber: el epistemológico y el sociológico.[18]

En el sentido epistemológico, la ideología es caracterizada como falsa conciencia (Marx/Engels), esto es: una creencia, insuficientemente justificada que guía la práctica, específicamente la política. En este sentido, puede mostrarse la falsedad o insuficiencia de razones que justifican las creencias y los motivos por los cuales, a pesar de estar injustificadas, siguen ancladas en los individuos; esto es, su función social (piénsese el racismo, el machismo, etc.). Es, en resumen, un discurso falso donde no se fundamenta teóricamente una creencia, sino que son las motivaciones extra teóricas las que mueven dicho discurso.

“Como concepto sociológico, ‘ideología’ describe la relación existente entre un discurso, sin importar la verdad o falsedad del mismo, y sus usuarios…”.[19] Por supuesto, con arreglo a sus intereses de clase o de otro tipo de grupo, con respecto al poder y las relaciones sociales. Aquí no cabe la pregunta por su verdad o falsedad, es simplemente una forma, por parte de los individuos, de relacionarse con un discurso que los guía a actuar. Las confusiones, dice Pereyra, provienen de utilizar las dos interpretaciones donde no les corresponde. Por otro lado, la ideología no pretende ningún conocimiento de la realidad sino la expresión de los intereses, ideales, etc., de un grupo.

Una cosa distinta cómo se relacionan (las ideologías) con la ciencia. Por ejemplo, ya habíamos mencionado que se encuentran más vinculada la ideología burguesa con las ciencias naturales porque no representan una amenaza a sus intereses y desarrollan las formas de producción al servicio del capitalismo; y que la ideología proletaria es más afín a las ciencias sociales porque explican los mecanismos de las relaciones de producción y ponen en riesgo el dominio de la clase burguesa al crear alternativas y críticas.

Pereyra nos dice que si bien las ciencias naturales están vinculadas al desarrollo de las fuerzas productivas y las ciencias sociales al desarrollo de las relaciones sociales, existe una regla para los productos de la ciencia. Ésta es que “[…] mientras mayor es la pertinencia de los productos de una ciencia respecto a las relaciones sociales, más estrecha es la relación de esa ciencia con la ideología y, en consecuencia, más difícil le resulta recabar aceptación universal”,[20] precisamente porque ponen en peligro el orden socialmente establecido no importando si es producto de las ciencias naturales.

La relación ciencia-ideología pone en cuestión la objetividad. Pereyra rechaza como criterios de objetividad a la representación real en el pensamiento conceptual y a la aceptación universal, sino que apela a una relación entre el objeto teórico y el real que se expresa de la siguiente manera:

[…] el objeto teórico incluye a) una serie de conceptos a partir de los cuales se clasifican y piensan las entidades reconocibles en el objeto real; b) un conjunto de hipótesis o leyes que permiten pensar las conexiones regulares entre esas entidades; c) un marco teórico donde se establecen la red de relaciones existentes entre la entidades y entre las conexiones.[21]

Esto significa que la objetividad depende de la capacidad de la teoría para integrar la información del objeto, para organizarla y poder explicarla. Pero además puede comprobarse, basados en el concepto epistemológico de ideología, por la vía sintáctica-semántica si es que el discurso no es objetivo. Es decir, el discurso científico debe tener reglas sobre su construcción y verificar que sus enunciados sean “correctos”, debe tener reglas de correspondencia entre los signos del discurso y sus componentes. Si no se cuenta con ello, entonces se puede acusar al discurso de ideológico o no objetivo.

Pero también es útil un análisis pragmático, basado en el concepto sociológico de ideología, pues si se demuestra que ese discurso científico (u otro) es aceptado por su función social como cierto, a pesar de tener o no fundamentos teóricos, puede tildarse de ideológico. También puede explicar el porqué del rechazo a una “verdad” científica, así como el apego a alguna creencia sin justificación. Así pues, un concepto sirve para mostrar la verdad o falsedad de un discurso y el otro para mostrar la relación de los individuos con el mundo (incluyendo los discursos).

Pereyra señala que en todas las ciencias (más aún en las sociales), cuando se llega a un punto donde no se puede decidir por vía del plano sintáctico-semántico la superioridad de validez de algún discurso científico entre otros, optan por decidirse por su carácter ideológico en sentido sociológico.

Ahora, si desde el punto de vista epistemológico se obtiene un discurso científico, no se puede decir que sea ideológico, tampoco desde el punto de vista sociológico, lo que sí se puede es analizar cómo se relaciona con las ideologías existentes.

Para Pereyra es falsa la acusación de que las ciencias sociales se encuentran larvadas por la ideología —dicha objeción se hace por la discrepancia en las diferentes posturas, pero debemos recordar que este fenómeno existe en la ciencia natural y en la misma filosofía—, puesto que si una teoría social da razón, epistemológicamente, las otras nociones pasan a ser ideológicas y aquella científica.

Existe también una “ideología práctica”, es decir, el conocimiento pre-científico, que sirve de base para que el individuo se relacione con el mundo, esta ideología no pretende ser un conocimiento científico y es el que permite diferentes posibilidades de relaciones con la ciencia social.

Concluye que, ideología, en sentido epistemológico, es lo opuesto al discurso científico, pero no es simplemente un discurso falso que a nadie interesa sostener sino que se sostiene, precisamente, porque tiene que ver con una función social. Mientras que, en sentido sociológico, la ideología es un mecanismo inconsciente con los cuales los individuos se reconocen en la realidad y con su experiencia social. “[…] la ideología es un sistema de codificación de la realidad, y no un conjunto determinado de mensajes codificado con ese sistema”.[22] Como podemos ver, Pereyra parece retomar y aclarar con sus intervenciones las dos posturas planteadas por Villoro y Sánchez Vázquez, pero, además, incluye ciertos elementos nuevos en el debate como los planos “sintáctico-semántico” y “práctico”, profundiza el análisis dentro de las ciencias sociales y plantea otro tipo de relaciones entre ciencia, filosofía e ideología.

Gabriel Vargas Lozano (Influencia de la Filosofía de la Praxis)

Según Gabriel Vargas Lozano, nuestros filósofos difieren fundamentalmente en su forma de entender la filosofía y su relación con la ideología y de ésta con la ciencia.[23] Esto es patente en la citada polémica, pero si esas son sus diferencias, su gran punto de convergencia sería su preocupación por el uso que en la realidad se le da al concepto de ideología.

Este filósofo es uno de los estudiosos del tema de la ideología más relevantes en México, no sólo dentro de la tradición marxista, sino de las diversas posturas alrededor de esta problemática. Sus reflexiones están vertidas en varios ensayos, pero uno que nos parece fundamental es el titulado “La problemática de la ideología en el marxismo contemporáneo” escrito en 1982. En dicho texto sostiene los siguientes señalamientos.

La temática de la ideología ha mostrado ser hoy una de las más ricas, complejas y vastas. La ideología impregna la totalidad de la realidad y se cuela a través de todos los intersticios de todas las actividades humanas. Se relaciona con la ciencia natural, la ciencia social, (economía, sociología, psicología, política, estética, comunicación, semiótica, etc.), con la filosofía y con la vida cotidiana. Se manifiesta en el plano teórico y práctico. Está presente en el condicionamiento social del conocimiento, en la finalidad de las investigaciones científicas, en los aparatos de hegemonía del Estado, en las creencias populares y en las estructuras económicas y políticas.[24]

Dice que cuando menos hay seis grandes posturas con respecto a la ideología: la analítica (similar a la de Villoro o gnoseológica), la sociológica (que entiende todos los elementos de la superestructura como encausados por la ideología), la semiológica (a partir de Ferdinand de Saussure y muy parecida a la propuesta de Pereyra en torno al carácter sintáctico-semántico), la ontológica (que sostiene que las ideologías forman una concepción del mundo que está inmersa en la sociedad y que vela la realidad), la política (que concibe a la ideología jugando un papel en la hegemonía de la lucha de clases, más cercana a Sánchez Vázquez) y finalmente la que tiene como punto de partida la psicología, la anti-psicología o la psicología social (también relacionada con Villoro).

Vargas Lozano, comenta que la problemática es muy extensa y que no sólo existen estas posiciones que muestran lo complicado del asunto; también señala que Marx, en tanto que iniciador de esta investigación, lo que hizo fue abrir grandes vetas para excavar en ellas. También en el marxismo pululan diferentes posiciones, pero para poder obtener una definición de la ideología cree que deben tomarse en cuenta la pluralidad de problemas surgidos como: 1) el tipo de ideología y sus relaciones con otros elementos como la filosofía y la ciencia; 2) lo complejas que son las ideologías al tener partes de los elementos con los que se relacionan; 3) analizar la génesis de cada ideología; 4) pensar también su estructura; 5) rastrear las diferentes expresiones, signo, actitudes, etc., mediante las que se revela una ideología; 6) dichas expresiones pueden buscarse en la misma cotidianidad social; 7) las ideologías van cambiando con el curso de la historia de contenido y función, no son siempre las mismas.

Con todas estas observaciones Vargas Lozano nos plantea su definición tentativa de ideología:

Las ideologías son, pues, sistemas de representaciones y creencias que se encuentran difundidas en el todo social, que penetran profundamente tanto en la psicología de los hombres como en las relaciones sociales, que se manifiestan a través de ritos, prácticas, sistemas sígnicos y aparatos de hegemonía. Las ideologías pueden ser de múltiples tipos pero encuentran su origen y forma de organización en las estructuras económica y política de la sociedad. En este sentido, las ideologías experimentan y contribuyen a las luchas que se establecen entre las clases e influyen en los productos culturales.[25]

Este filósofo sostiene ciertas posiciones parecidas a las de Sánchez Vázquez, pero tiene un análisis muchísimo más complejo. Ya no habla de que la ideología es privativa de ciertas clases, sino de que se encuentra vertida en la sociedad en general, señala la historicidad de las ideologías, nos muestra varios medios por los que se expresa lo ideológico; entre otras tantas aclaraciones pero sin renunciar a sus raíces marxianas. Al final de este texto nos dice algo de vital relevancia para los futuros interesados en el tema de la ideología:

No quiero decir con lo anterior que ésos sean los únicos problemas abiertos en la actualidad pero creo que sí son los más significativos. El paradigma marxista tiene todavía mucho que hacer en torno a este problema pero considero que los análisis futuros deben cumplir, por lo menos, tres requisitos: primero, no quedarse en el examen filológico de los textos de los clásicos y avanzar en un análisis creativo; segundo, iniciar un profundo diálogo con otras concepciones de la ideología y tercero, beneficiarse de los análisis concretos que se realicen por los investigadores de diversos campos del conocimiento ya que el tema es necesariamente interdisciplinario.[26]

 Observaciones sobre las definiciones de ideología

Siendo muy pertinentes tanto las definiciones de los maestros mencionados, así como los últimos requisitos planteados por Vargas Lozano, parece muy difícil llevar a buen puerto un intento de definición propia de ideología. Sin embargo, basados en los humildes conocimientos que tenemos sobre el tema y nuestra propia reflexión, intentaremos expresar nuestra postura intercalando comentarios a puntos que nos parecen importantes en el debate. Quizás ayude a la comprensión un esquema que tiene su origen en la corriente de la filosofía de la praxis y que hemos interpretado según nuestra visión.

Esquema

Podemos ver de manera clara que hay por lo menos cuatro grandes tipos de ideologías, aunque esto no quiere decir que con el paso del tiempo no puedan formarse otras nuevas. Nosotros sostenemos que las ideologías van surgiendo en la historia, algunas desaparecen y otras se conservan, por ejemplo: nadie pensaría hace algunos siglos en una ideología ecologista, hoy existe y no sabemos qué otra pudiese devenir. Por un lado, esto quiere decir que está inmersa en una constante batalla entre la realidad y en la historia; por otro, que hay otras ideologías que son transversales (término de Vargas Lozano). Parecido a lo que sucede con los intelectuales de Gramsci, la religión, el machismo, etc., son ejemplos de ideologías que se conservan y atraviesan el tiempo y las clases sociales.

Como se puede observar, cada esfera tiene conexión con las otras, esto puede producir diferentes tipos de resultados según las combinaciones y predominancias de cada campo (relaciones entre filosofía, ciencia e ideología), pero también hay un punto en el que los tres convergen, de ello hablaremos más adelante.

1. En las esferas, de manera separada, nos es posible concebir un aspecto metafísico como sucede en la esfera de la filosofía que no necesariamente está profundamente relacionado con las otras dos. Por supuesto habrá quienes piensen que no es posible eliminar la carga de los otros campos y que por tanto no existe una “objetividad”, sin embargo sí podemos hablar de filosofías desvinculadas de la realidad que se conciben como desarrollos exclusivos de la mente del filósofo y que por la misma razón nunca tienen resonancia en el mundo.

En el caso de la ideología también es sencillo pensar en ejemplos que no necesariamente tienen relaciones con las otras esferas, como el caso de la religión. Cuando uno nace en determinada sociedad regularmente se nos hereda una religión sin que esto implique un paso por su análisis filosófico o científico, sino que la tomamos como hecho y sin más la hacemos nuestra como creencia.

Por último, en los campos aislados, también sabemos que las matemáticas y fórmulas científicas están muy alejadas de hacer referencia explícita a la filosofía y a la ideología. Pareciera que en estos casos los extremos se juntaran, porque los tres, si se toman por separado, se tornan autorreferenciales.

2. Cuando dos esferas se relacionan, por ejemplo, las esferas ideológica y científica, han tenido intercambios que en muchos casos resultan peligrosos. Bástenos recordar la ideología del racismo fundamentada con ayuda de la ciencia; o la idea de las disciplinas científicas y técnicas como directrices de la humanidad que se convierten en ideologías. Estas manifestaciones suelen ser más aberrantes que otras.

Luego, la filosofía bien puede relacionarse de manera estrecha con la ciencia, haciendo a un lado en la medida de lo posible a la ideología, como en el caso de la tendencia a reducir las actividades de la filosofía al mero análisis del lenguaje. Análisis que olvida los aspectos de lo humano y se escinde dándole la espalda a la práctica (aun cuando aquí hay cierta acción: como ser cómplice en filosofía de un mundo injusto y “dejar la realidad tal cual es”).

Por último, la filosofía puede relacionarse con la ideología, por ejemplo, cuando sin un intento riguroso de análisis se toman como directivas para la vida algunas expresiones filosóficas. Muestras de este tipo hay muchas, ofrecemos las del esquema. El problema de estas relaciones entre dos campos es que olvidan algún aspecto en mayor o menor medida y eso provoca algún tipo de tendencia hacia alguna esfera que puede resultar peligrosa o poco fructífera aunque se pretendan buenos propósitos.

3. La intersección de las esferas. Me parece que el ejemplo paradigmático de esta relación es el propio socialismo, o cuando menos su pretensión desde un marxismo crítico, pues es una ideología que, basada en el conocimiento científico de la sociedad capitalista, intenta transformar la realidad desde una propuesta filosófica anclada en la realidad.

Estas, nos parecen en general, las diversas formas en las que puede expresarse la ideología hasta donde tenemos conocimiento de ella.

Ahora, nos gustaría hacer unas breves observaciones a las definiciones anteriores. En primer lugar, de manera general, estamos de acuerdo con el concepto de Sánchez Vázquez pues rescata el aspecto positivo de la ideología; sin embargo, no parece adecuado que reduzca las ideologías a las clases sociales, pues como vimos hay otros tipos de ideologías transversales.

Respecto de la interpretación de Villoro podemos decir que es válida pero sólo de un tipo de ideologías: las ideologías políticas (quedando afuera una gama de expresiones muy extensa).

Pereyra hace aportaciones muy interesantes y profundiza los temas, quizás nuestras discrepancias sean respecto al conocimiento que se deriva de la ideología y la relación filosofía-ciencia. Creemos que el planteamiento de la primera Tesis sobre Feuerbach, donde rechaza las nociones clásicas de conocimiento y plantea a la praxis como gozne del conocer, es acertado y no contradice la función de la epistemología con respecto a la ciencia.

Finalmente, con respecto a Vargas Lozano, la única diferencia que sostenemos es que se debe incluir el factor del movimiento de la historia como generador y destructor de nuevas ideologías.

 Conclusiones.

Según lo expuesto hasta aquí podemos decir que:

a) todos nacemos y nos desarrollamos en un medio dado con ciertas ideologías que heredamos, bien las podemos perpetuar, destruir o generar nuevas.

b) Las ideologías son necesarias para la vida porque funcionan como un suelo que sustenta la posibilidad de existir del ser humano: un fundamento que aunque no es común se pretenda sea el mejor posible.

c) En cierto tiempo las ideologías dominantes se vuelven insostenibles e inevitablemente caen y son sustituidas por otras nuevas, pero en cuanto a su duración no hay precisión.

d) No hay ningún momento en que las ideologías no influyan en la vida del hombre; no por ello son el factor más importante, aunque sí existen lugares ajenos como el campo abstracto de las matemáticas.

e) La ideología, la ciencia y la filosofía están relacionadas aunque mantienen siempre cierta especificidad.

f) Derivado de lo anterior, no existe la neutralidad ideológica en las ciencias, siempre está influyendo en el trabajo científico, pero, como sostienen todos nuestros pensadores, no quiere decir que la justificación del conocimiento sea ideológica, sino su génesis y fines.

g) La ideología puede ser usada para perpetuar la hegemonía de un grupo en cierta sociedad o para transformar la realidad de forma revolucionaria o crítica.

Así, para finalizar, y derivado de la reflexión previa en el esquema, proponemos un intento de concepto de ideología que contiene aspectos de las posturas vistas y que salva las imprecisiones que señalamos. Mientras Villoro carga su concepto hacia el lado de la relación ideología-verdad y Sánchez Vázquez lo dirige a la de ideología-sociedad, nosotros preferimos dar importancia a los logros alcanzados en el debate por ambas posturas, así como a las observaciones sumamente interesantes de Pereyra y Vargas Lozano. No obstante, más allá de ellas, consideramos el papel que en la realidad juega la ideología en los diversos campos con el siguiente matiz: siempre pensando en la vida humana.

Así pues, llamamos ideología a un conjunto de construcciones mentales sobre el hombre o el universo que pueden ser de diferente tipo, compartidas por un grupo de personas, no necesariamente homogéneo, que guían el comportamiento práctico en los diferentes campos de lo humano. Para nosotros existen por lo menos cuatro grandes tipos de ideologías: políticas, científicas, culturales y filosóficas, bien pueden ser críticas o no serlo. En el caso de las críticas importa mucho su intento de ser justificadas con suficiencia aunque aquello no sea posible completamente. En el segundo caso no tendrá mucho valor, incluso pueden ser completamente injustificadas y seguir teniendo peso para sus adeptos. Las ideologías son dinámicas, pueden conservarse, desaparecer y nacer otras nuevas sin que sea seguro que cese su movimiento. Bien pueden ser negativas o positivas con respecto a la humanidad en su conjunto.

Lo importante para nosotros es entender que la ideología no obedece a nuestros marcos conceptuales, sino que tenemos que adecuar nuestra forma de referirnos a ella conforme se expresa en el mundo. Así pues, el concepto que ofrecemos parte de la consciencia que tenemos del movimiento de la realidad; de la profunda interrelación entre teoría y práctica y de filosofía, ciencia e ideología.

 Bibliografía

-          Ferrater Mora, José, Diccionario de filosofía. Tomo I, A-K, 5ª ed., Buenos Aires, Sudamericana, 1964.

-          Marx, Karl, Contribución a la crítica de la economía política, México, FCE, 1970.

-          ————–, Thesen über Feuerbach/Tesis sobre Feuerbach. Prólogo y versión bilingüe de Carlos Bendaña, Bogotá, Félix Burgos Editor, 1981.

-          Marx, Karl; Engels, Friedrich, La ideología alemana, Wenceslao Roces [Trad.], La Habana, Ed. Revolucionaria, 1968.

-          Pallares, Eduardo, Diccionario de filosofía, México, Porrúa, 1964.

-          Pereyra, Carlos, Filosofía, historia y política. Ensayos filosóficos (1974-1988), Compilación de Gustavo Ortiz Millán y Corina Yturbe, México, FCE / UNAM, 2010.

-          Pereyra, Carlos, et al, Actualidad del pensamiento de Carlos Marx, México, Cuadernos del Instituto Dr. José Ma. Luis Mora, 1983.

-          Vargas Lozano, Gabriel (editor), En torno a la obra de Adolfo Sánchez Vázquez, México, FFyL-UNAM, 1995.

-          Vargas Lozano, Gabriel, Intervenciones filosóficas: ¿Qué hacer con la filosofía en América Latina?, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2007.

-          —————————–, Marx y su crítica de la filosofía, México, Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa, 1984, [Cuadernos Universitarios 7].

-          Varios Autores, Las revoluciones en la filosofía, México, Grijalbo, 1979.

-          Villoro, Luis, Creer, saber, conocer, 15ª ed, México, Siglo XXI, 2002.

-          —————-, El concepto de ideología y otros ensayos, 2ª ed., México, FCE, 2007, [Biblioteca Universitaria de bolsillo].

 


Referencias    (↵ returns to text)
  1. Gabriel Vargas Lozano, “La concepción de la ideología y sus consecuencias” en Marx y su crítica de la filosofía, México, Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa, 1984, [Cuadernos Universitarios 7], p. 74. Para esta introducción nos basamos en esta obra que es bastante aclaradora.
  2. Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana, Wenceslao Roces [Trad.], La Habana, Ed. Revolucionaria, 1968, p. 48.
  3. Karl Marx, “Prólogo” en Contribución a la crítica de la economía política, FCE, México, 1970, p. 9.
  4. Gabriel Vargas Lozano, “La concepción de la ideología y sus consecuencias”, en op. cit., p. 93.
  5. Adolfo Sánchez Vázquez, “La crítica de la ideología en Luis Villoro”, en En torno a la obra de Adolfo Sánchez Vázquez, Gabriel Vargas (Ed.), México, UNAM, 1995, p. 597.
  6. Adolfo Sánchez Vázquez, “Las revoluciones filosóficas de Kant a Marx”, en Varios Autores, Las revoluciones en la filosofía, México, Grijalbo, 1979, pp. 194-195.
  7. Gabriel Vargas Lozano, Intervenciones filosóficas: ¿Qué hacer con la filosofía en América Latina?, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2007, p. 222. Por esto se justifica el breve recorrido por el concepto de ideología en Marx.
  8. Luis Villoro, El concepto de ideología y otros ensayos, 2ª ed., México, FCE, 2007, [Biblioteca Universitaria de bolsillo] p. 27. Hay que aclarar que Villoro cree que son insuficientes tanto la definición sociológica como la gnoseológica y que hace falta más investigación en torno al tema, pero, la definición ofrecida, aunque tentativa, es el punto axial de la postura de este filósofo.
  9. Adolfo Sánchez Vázquez, “Crítica de la ideología en Villoro” en op. cit., p. 602.
  10. Punto que también compartirán Pereyra y Vargas Lozano posteriormente.
  11. Luis Villoro, “El concepto de ideología en Sánchez Vázquez”, en: Ibíd., p. 592.
  12. Gabriel Vargas Lozano, Intervenciones filosóficas: ¿Qué hacer con la filosofía en América Latina?, Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, 2007,  p. 217.
  13. Luis Villoro, El concepto de ideología y otros ensayos, 2ª ed., México, FCE, 2007 p. 37.
  14. Carlos Pereyra, “Filosofía y ciencias sociales” en Filosofía, historia y política. Ensayos filosóficos (1974-1988), México, FCE / UNAM, 2010. p. 72.
  15. Pereyra nos ofrece brevemente las razones de la imposibilidad de la neutralidad ideológica en Carlos Pereyra, et. al, Actualidad del pensamiento de Carlos Marx, México, Cuadernos del Instituto Dr. José Ma. Luis Mora, 1983. “Vigencia del materialismo histórico” p.p. 18-19. En este texto toma como ejemplo al propio materialismo histórico, en tanto discurso teórico, que se encuentra con cierta carga ideológica: la expresión de los intereses del proletariado.
  16. Carlos Pereyra, “Filosofía y ciencias sociales” en: op. cit., p. 78.
  17. Carlos Pereyra, Ibíd., p. 80.
  18. Aquí podemos ver el eco de la polémica de Sánchez Vázquez y Villoro, pues son las posturas que, en general, sostienen.
  19. Carlos Pereyra“Ciencia e ideología” en Óp. Cit., p. 85.
  20. Carlos Pereyra, Ibíd., p. 87.
  21. Carlos Pereyra, Ibíd., p. 88.
  22. Carlos Pereyra, Ibíd. p. 93.
  23. Véase: Gabriel Vargas Lozano, Intervenciones filosóficas…, p. 213.
  24. Gabriel Vargas Lozano, “La problemática de la ideología en el marxismo contemporáneo” en Marx y su crítica de la filosofía…, p. 99.
  25. Gabriel Vargas Lozano, Ibíd., p. 110.
  26. Gabriel Vargas Lozano, Ibíd., p. 117.